Carta Paul Newman.

paul-newman-actors-studioHoy hubiera cumplido años Paul Newman, Comparto la carta que le escribí en 2008 a su casa de Westport (Connecticut) y que se la hizo llegar su vecino José Feliciano y la esposa de éste, Susan. Habían anunciado que le quedaban dos semanas de vida.

Carta a Paul Newman.

  “Recuerdo divertido cómo conseguí aquel taco de billar con mi nombre grabado en la madera, con su estuche de piel negro con cierres dorados. El Buscavidas había trazado en mí la jugada de aquel perfil de americana sobre polo de cuello abotonado. Era la silueta de Eddie Felson “el rápido”. Fascinado por la adolescencia de sueños imposibles imaginé que, algún día, te entregaría mi propio “Balabushka” como un regalo imposible de mi afecto a tu personaje. También tengo un abridor de chapas, esos metálicos que sirven para escuchar el gaseoso sabor que termina con la sed de una buena cerveza rubia y fría. Cool Hand Luke, sabes de lo que hablo, lo que pasa es que “Algunos no quieren comprender.” Llevo colgado en mi cuello tu abridor a modo de collar como tu Luke Jackson de indomable leyenda. Las Ray-ban en la guantera de un descapotable que tuve como bien sabes. La corbata de Lew Harper la conservo en mi vestidor y ya te imaginas que me la pongo en momentos especiales que no son pocos cuando honro tu memoria, por cierto jefe, no hay día polvoriento que no me ponga los tejanos azules y la camisa blanca por fuera del pantalón… Jeje sabes cómo me divierte esa escena en la que corres de camión en camión para llevarte el maldito ganado, a “Pocket money” le tengo cariño, lo que pasa que ya te comenté que no me gusta nada esa extraña traducción que se le dio en mi país. En fin, que como te decía… hablando de ropa, ahora mismo a mi lado tengo una camiseta que guardo como un tesoro, si, lleva tu nombre en el pecho y sales dibujado encadenado a unas letras… uf! como me costó encontrarla, alguien me la trajo de Santa Bárbara en California, sé que conoces esa zona más para el verano, lo sé. Vives muy lejos de allí en Westport, qué bonito pueblo, nunca me perdonaré no haber podido acudir para conocerte en persona, cómo me alegré de verte junto a Redford en aquel reportaje tan entrañable. Y el teatro que cuidas… es precioso, cuántos ilustres dramaturgos pisaron su tarima.

Hay un dato “casual” que nos une, y te hará gracia conocerlo… hace como dos años hablando de ti me pasó algo, algo con lo que sonrío cada vez que lo cuento. En un lugar en el que trabajaba bromeé con un señor al que le tengo mucho aprecio, sobre su parecido con el tuyo, más en broma que en serio lo llamé “Paul” por sus ojos azules y su pelo cano y ¡zas! el destino me hizo un guiño, porque este buen hombre me dijo algo que me dejó con la boca abierta: “Ríete pero…Yo conocí a Paul Newman”. Que decir que ni por asomo sabía de mi afición al cine, ni mucho menos mi devoción por tí. El caso es que este navarro un buen día, junto con un amigo, dejaron todo y se fueron a Los Estados Unidos de América, trabajaron en multitud de empleos y un día aceptaron brocha y rodillo en mano pintar tooodas las vallas de aquella urbanización. Era muy temprano, justo había amanecido, reinaba el silencio total con la salvedad del chapoteo al escurrir la pintura blanca sobre la madera… Y entonces apareciste tranquilamente caminando en soledad, con una chaquetilla roída, unos pantalones cualquiera y una caja de herramientas. Atónitos ambos pintores te observaron y uno dijo en voz baja “Mira, es Paul Newman”, -el otro asintiendo dijo sí- Y entonces tú te reíste amigablemente y con la mano saludando dijiste ¡Eeeehh! Los tres reísteis a la vez, y sin decir más, te montaste en un Escarabajo naranja y con un estrepitoso arranque te alejaste en la bruma de la mañana. Esa fue la entusiasta anécdota que me comentaba este anónimo testigo de tu presencia, que con alegría y cariño recuerda de ti. Cuánto me alegré, fue lo más próximo que estuve a tu lado, pero siempre lo he estado, créeme amigo, en cada fotograma… de mi vida has estado acompañándome.

Con el enérgico “marcado por el odio” comprendí que la vida es más dura de lo que uno cree y que hay que luchar hasta el final, como tú siempre lo has hecho firme y sereno, como ahora jefe, como ahora. Me imagino lo que has sufrido en tu vida, las mieles del éxito no endulzan la pérdida de un hijo, y eso debe ser muy duro, pero Scott perdurará para siempre en la memoria de un padre y una fundación que siempre ha llevado el bien a muchas personas, Scott intervino e interviene cada día en ayudar a tanta gente… No te preocupes no solo fuiste un buen padre sino un buen ser humano. GRACIAS con mayúsculas es poco, como poco es agradecerte lo mucho que nos has hecho disfrutar, qué momentos de cine, qué pureza, y reescribo momentos que me hicieron ser feliz, y recordando aquella chica tan bella evoca mi pensamiento lo que tu personaje Butch Cassidy sintió hacia ella, y dice así aquel fotograma de la bici que mi retina guarda hacia ella: Sé que siempre te ha gustado mi frescura, gracias a ti soy yo mismo y puedo expresar todo mi amor hacia el sol resplandeciente que ilumina la pradera de tus ojos, aquella verde mañana de paseo en bicicleta, volví a ser niño para decirte “te quiero”. Un te quiero a mi manera, con todo el amor limpio de un amigo, con la lealtad que solo rompe la “traición” de un bocado de manzana, a bordo de dos ruedas inestables dibujé el zig-zag torpe de un manillar nervioso. La canción de tu sonrisa hizo de mi show el mayor espectáculo del mundo con el multitudinario público de tu sola presencia que llena mi ser. Caigo de espaldas al trapecismo de la arena donde la mirada de un astado sorprende tal encuentro, huida inminente sobre nuestros pasos, y te recojo con la misma melodía de tu blanco vestido y mi divertido guion, el papel en blanco de la improvisación, esa que me inspiras. Volvemos a la casita de madera donde él te espera para amarte y yo para contemplarlo, estrecho mi brazo junto a mi amada bici y tu presencia respetada mientras desciendo colinas de recuerdo… Dos hombres y un destino para amar tu dulce escena. Inolvidable.

Como inolvidable fue escuchar la canción que adorna tal escena “Raindrops keep falling on my head”, momentos que yo mismo he imitado cómo beberme un Gin-Tonic de Gordon’s sólo para dedicarte el saludo de la memoria de aquel vagón, cuando timaste a Lonigan, ejem, digo Lonegan. Cómo hiciste parecer ebrio echándote unas gotas de ginebra en la solapa y rellenando con agua la botella para de vez en cuando lanzarte tragos compulsivos de serenas intenciones, ¡Qué grande!, Aquel barranco al vacío para huir al límite de la fuga pero Sundance no sabía nadar.

¡Qué momentos Paul!… O como cuando estabais en la cabañita heridos y con apenas munición y todo un ejército de bolivianos tiroteando el lugar… Y tu haciendo planes de futuro hablando de Australia … o cuando en “Ni un pelo de tonto” haces que el niño lleve la pierna de plástico a tu amigo abogado en una prueba que marcará su madurez futura, o cuando propinas un puñetazo a aquel estúpido poli nervioso al que se le dispara el arma… o cuando corres detrás del ratero en “Territorio Apache”, o también te haces pasar por loco para detener al demente, o cuando corres dejando un reguero de pimienta para los perros en la leyenda del indomable, o cuando te comes 50 huevos, o cuando cantas Plastic Jesus, o cuando emites aquel Veredicto Final de un tal Frank Galvin que parecía fracasado y resucitó… (o cuando , o cuando o cuando) no podría parar. Si algo me gustó de ti fue que a los personajes supiste imprimir un carácter propio que se notaba iba contigo en la vida real. Cómo sabías escoger los papeles, de películas mediocres las hacías grandes con tu interpretación, y levantabas la perdiz como en “Ausencia de malicia”… Tantas y tantas pelis que no acabaría nunca, 500 millas me encantó, “Winning” en su original e “Indianápolis” en otros países, colgué un video para tu homenaje en youtube con música de Rosendo, suena bien, seguro que te gusta.

No sé cuál es la fórmula del éxito, no la conozco pero creo que tampoco me importa mucho, como a ti, tal vez habite en una pizarra tras alguna cortina rasgada, quién sabe, tú decías que una de tus desgracias eran tus ojos, por eso los ocultaste durante un tiempo tras unas gafas, no había que despistar con el físico, a ti te importaba el Método y pocos quedan ya en el camino, bueno hay otro al que sé aprecias, Martin Landau es un fuera de serie, del Actor’s también, de lo mejorcito… Lo de ahora ya es otra historia, aunque yo confío en que lleguen nuevos valores, seguro llegan. Ah, por supuesto dale un beso enorme de mi parte a Joanne, ¡Qué gran actriz! (Que ganó un Oscar antes que tú, creo). Da igual sé que cuando tú lo ganaste dijiste que ya teníais pisapapeles para las facturas.

Ahora he oído lo de las dos semanas, ¡¡¡Malditos sean!!!! Dos semanas… todavía tenemos tiempo de muchas cosas Paul, para muchas cosas: Podemos conducir un buen coche a gran velocidad , podemos jugar al póker, podemos robar un banco, podemos escaparnos de alguna cárcel, podemos ser zurdos por un día, podemos navegar en velero, podemos cantar, podemos montar en bici mientras comemos manzanas, podemos beber unas cervezas, podemos arreglar unos cuantos motores, podemos darnos un baño en la playa, podemos tomar el sol, podemos ver una buena peli, podemos volver a borrar “El cáliz de plata”, podemos conversar, podemos apostar, podemos llamar a Robert, podemos poner a parir a Bush, podemos ayudar a los desfavorecidos, podemos probar más de esa salsa, podemos ir al teatro, podemos besar a nuestras chicas, podemos reír, podemos escuchar música, podemos soñar, podemos llorar de alegría… o podemos sentarnos, tú en tu trono, yo en mi silla… y esperar tranquilamente, esperar a que llegue, y brindar, brindar por Ti, por el gran Paul Newman con una buena copa de JTS Brown con hielo. El cielo sabrá esperar estoy seguro… el cielo sabrá esperar.
Con mucho afecto se despide con un hasta luego el que siempre ha sido y será tu amigo:

Mikel N.
Ese chico que adoptó tu cine como una forma de vida… Sueños y vida”.
Gracias por todo.

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