Plaza Ochavada

Plaza Ochavada

*Foto de la mágica madrugada de aquel reciente 11 de agosto de 2016 en la Plaza Ochavada de Archidona. Dejo aquí la carta que me escribió el gran Alejandro Sánchez del Olmo, mi amigo. Gracias por tus letras, me hiciste llorar.

Carta a Mikel

Han pasado ya diez años desde que nació “La otra mirada”, pero parece que fue ayer. El destino tiene una cita con cada uno de nosotros, y jamás pide permiso para colarse en nuestras vidas con aquello que ha de ser y ocurrir, pues, te guste o no, esas son las aguas inciertas donde navegan nuestras vidas. Esta semana he recibido una de esas llamadas que rompen la baraja por la mitad; “Alex soy Mikel Navarro amigo. Mira que esta noche me voy a tu pueblo a cenar contigo…”. ¡Oh Dioses! grité en un alarido de alegría. Aquella voz que durante tantos años formó parte de infinitas noches de radio y con la que nos unió la comunión radiofónica en mil historias, llegaba a cenar de forma inesperada como un mensaje en una botella al mar, para darle el más fuerte de los abrazos…
Mikel es uno de esos tipos cuya personalidad y forma de entender la vida marcan la diferencia. Y no sólo por ser ese “chicarrón del norte”, navarro hasta el apellido, también lo digo por ser un incansable viajero, que no pierde la ocasión ni la sonrisa, en la búsqueda en cada rincón de este mundo de historias por ser vividas y contadas, como él sólo sabe hacer. Su mirada se esconde tras el cristal de unas gafas, pero su instinto es infalible, natural y salvaje como una pantera que mira tras la frondosidad de la selva. Su forma de ser no es el reclamo de una firma comercial, es auténtica y punto, y que “salga el Sol por Anterquera”.

La palabra que mejor le define es “autenticidad”. La carrera de este pamplonica no empieza con el “Chupinazo” llegado el mes de Julio, para él, cada día es una carrera personal entre las astas de lo incierto. Seguro que muchos de vosotros conoceréis a Mikel por su pasión al mundo del cine. Sus mundos y experiencias van de la mano. Ahora os pregunto, ¿quién de vosotros se va a la búsqueda de la tumba de Yul Brynner para presentarle sus respetos y dejarle como sello personal un sombrero negro tributo a “Los siete magníficos”? Mikel lo ha hecho, pero lo siente como una aventura más, ahora yo digo; “Pasen y vean señores…”.
Aún recuerdo aquella inolvidable noche en la que nos contó la historia del Capitán Walker, y como eso de la “casualidad”, (de la cual no creemos ni él ni yo), quiso que encontrase la tumba de este aviador y la increíble historia que hubo detrás. Mikel es un comunicador nato. No necesita florituras ni pose, para que con palabras sencillas pudiéramos escuchar el sonido de las ametralladoras abriendo fuego en las playas de Normandía, en otra de sus incontables escapadas.
Su generosidad me llevó a poder contactar con dos grandes hombres del periodismo en México, D. Jesús Salcedo y D. Jorge Tenorio con el que pude hacer programas de la talla del “Cuatro Vientos” y llevar a la radio aquellas noches oscuras en la investigación que realicé sobre “Ciudad Juárez”. ¡Cuánto te debo amigo!.
Termino estas líneas abrumado entre recuerdos de radio, y no disimulo que alguna lágrima ha cruzado mi mirada frente a este monitor. Hay personas que son diferentes y Mikel es una de ellas. Ahora entiendo a Ernest Hemingway es esa foto en blanco y negro en el tendido de sombra de la Plaza de Toros de Pamplona, Mikel hubiese estado a su lado seguro, o por lo menos le hubiese entrevistado tomando un vermut. Yo me quedo con lo auténtico, con ese Mikel que me leyó en la Plaza Ochavada (la de Archidona de Cela, sí, la del Cipote), su teoría de porqué y como se ha de comer la aceituna atravesada por el palillo “de las incertidumbres de nuestra vida”. Chapeau! Amigo.

Y es que sólo junto a él puedes terminar en casa del famoso escultor Jesús Martínez Labrador, tomando cervezas junto a dos gatos, una tira trampa llena de moscas y la voz de D. Antonio Gamoneda en una locución de altura… ah! y escogiendo dibujos que le regaló el maestro.
Hoy mi “silencio de radio” es una mirada perdida al mar, como el de la película “Náufrago”. Algo como una voz interior es mi pensamiento, en un fotograma final que decía; “Cuando creí que todo estaba perdido, un día la corriente me trajo las velas para escapar de esta isla. Nunca sabes lo que la vida puede traer un día con la corriente…”
Gracias Mikel, por ser parte de esta historia.

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