Bud Spencer, el héroe de Bagnoli

Spencer

Recuerdo mis largas conversaciones con Roberta Ciccarelli en las calurosas noches napolitanas, sentados en un banco de la armoniosa Piazza Bellini, charla veraniega siempre a la luz de una cerveza Peroni con el sonido callejero de música de fondo. Roberta y sus amigas siempre divertidas, y nosotros con nuestras bromas y frases hechas previas a un gran brindis: “Birra bionda e ragazza mora”. Tampoco podía faltar un “Daiquiri alla fragola” con la amiga Giorgia Seghetti … En fin, noches para el recuerdo. En una de aquellas conversaciones surgió el gran Carlo Pedersoli (Bud Spencer) nacido en Nápoles, precisamente en el mismo barrio de mi querida amiga Roberta, el barrio obrero de Bagnoli. Ella me explicó el significado de crecer en Bagnoli, lo orgullosa que se sentía al ser de dicho lugar. Antaño productivo, con sus fábricas de acero y su digno estilo de vida familiar basada en el esfuerzo colectivo. Hoy en día las estructuras abandonadas hablan de un pasado mejor. Fábricas cerradas junto al mar que nos traslada el murmullo de una historia de lucha y coraje, de manifestaciones y disturbios, de esfuerzo y corazón. Lo que siempre representó nuestro Bud Spencer, superación sin ayuda alguna y la eterna lucha del bien contra el mal desde la pura nobleza.

La familia Pedersoli tuvo que emigrar a Sudamérica y Carlo dejó de estudiar Ciencias Químicas, pero más adelante volvió, porque siempre supo de dónde era y cuáles eran sus raíces. Pedersoli volvió para competir, sobresalía en natación de forma arrolladora, y lo demostró lanzándose a las aguas de Bagnoli para nadar junto a un pueblo que siempre tuvo que remar a contracorriente. Comenzó a destacar de forma notoria, fue fichado por el S.S. Lazio y logró ser campeón de Italia de estilo libre en siete ocasiones, e incluso se clasificó para tres Olimpiadas (Melbourne 1952, Helsinki 1956 y Roma 1960) a su vuelta probó con el cine, un pasatiempo que siempre fue su predilección, ya había participado como extra en “Quo Vadis?” (1950) apareciendo como estático guardia pretoriano.

Ya le tocaba probar suerte en algún papel con cierto protagonismo y le llegó el momento en 1967 en la peli “Tu perdonas…yo no” en donde por casualidad conoció al que sería su compañero y amigo inseparable: Terence Hill. Como Bagnoli Bud Spencer supo reinventarse a sí mismo, adoptó el nombre de su cerveza favorita (Budweisser) y su actor predilecto (Spencer Tracy) para crear una de las mejores fusiones nominales que jamás haya conocido. Y a partir de ahí la leyenda: Bud Spencer y Terence Hill. Junto a Terence Hill fueron los renovadores absolutos de la comedia en un momento, los años 70, en que el género parecía enquistado. Realizando un cine para niños y mayores. Su talento y frescura provocó en su día toda una revolución en el mundo del celuloide, algo que el tiempo se está ocupando de colocar en su sitio, dos leyendas de un tipo de hacer cine único y genuino.

La frescura de Terence, su picaresca y la ternura del bruto de Bud los hicieron la pareja preferida de varias generaciones. Recuerdo a mi tío Javier gran fan de ambos, a mi padre  que me trasladó su entusiasmo, aquellas películas los domingos en la Agrupación Deportiva después de misa o del fútbol en Noáin. Era nuestro particular Cinema Paradiso, tanto es así que también vibró mi hijo Amets con su magia, muchos años después y con la cara de Bud en su divertida camiseta verde.

Y qué decir que su “violencia” fue siempre algo inocente y divertida, en la que jamás se vio sangre ni crudeza visual, a todos nos llama la atención que sea tan querido por los niños, esa conexión siempre existió, son como “peleas de broma contra los malos”. Incluso Bud Spencer forma parte ya del el propio desarrollo de nuestro país, una España que aparece en construcción en películas rodadas en Madrid. El actor y nuestro país…siempre hubo una gran conexión.

El talento de Bud fue tan brutal como sus tortas: Empresario, político, filántropo, políglota, piloto de helicóptero, músico… y actor, aunque nunca se consideró como tal.

¡Ay Bud! nos has dejado. Hoy lloramos por ti amigo…¡ Puños fuera! Por Banana Joe, por Bombardero, Bulldozer, por volver a hacernos sentir niños para siempre Corsario, Superpoli…Ahora sí que estas donde quieres estar, con los hipopótamos en la charca diciendo: Más fuerte muchachos y si no…nos enfadamos.

Hasta siempre grandullón. ¿Nos apostamos el buggy rojo a salchichas y cerveza?

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