La noche del Floridita.

Hace un año que falleció el gran Johnny Polanco en su casa de Los Ángeles mientras dormía, un ataque al corazón acabó con su vida porque ya no le cabía en el pecho, dicen que salió para cantar por encima de todas las notas.Polanco

Tuve el honor de conocer a Johnny aquella noche del Floridita, en 2013, cuando me aventuré a caminar bajo las estrellas angelinas. Saliendo de mi casa de La Mirada Ave subiendo por la carretera de Santa Mónica, de Wilton a Vine con Hollywood, girando primero a mano derecha y después a la izquierda para seguir girando para siempre gracias al ritmo del Floridita Night Club. Allí me esperaba el arte de otro gran músico, Manny Silvera, que me aguardaba en la puerta con su tocado colorido y su sonrisa canalla, “Ahí llega el español” -dijo al verme-. Tenía la sencillez de un grande, y formaba parte del grupo de “Johnny Polanco y su conjunto amistad”. Músico de Carlos Santana entre otros. La conversación comenzó recordando sus giras por Madrid, Barcelona, New York o Miami… para seguir recordando a los mejores: El citado Santana, Rubén Blades o el propio Artie Webb (Abajo en el centro de la foto) con el que me tomé una copa, el mejor flautista de Latin Jazz del mundo, me dijo alguien que sabe de verdad.
Artie Webb
Me temblaron las piernas cuando hablaban de la noche anterior, de cómo Al Pacino se movía al son del Floridita. Silvera apuntaba más: “Fui a fumar un cigarrillo al callejón de la trasera del Restaurant, cuando una sombra surgió al fondo y una voz ronca rugió: “Hey man, you got a lighter? se acercó, era Al Pacino que pedía fuego para fumarse un porro de María. “Thanks Bro, lo estoy dejando”. Mientras, sonaba de fondo la salsa eterna del Club. Así me lo contaba el propio Silvera.
Adentrarte en el Floridita es ver a clebrities entre movimientos de cadera y copas de Martini, cerveza y vino tinto. Aún recuerdo la cerveza y su precio… “This is Hollywood” me espetó el camarero al ver mi gesto de sorpresa debido al importe. Sonreí y repetí “This is Hollywood!” Y vamos si lo era: A mi izquierda el cantante Luis Miguel con un bronceado artificial y dientes perlados, estaba sentado sobre un sofá con dos rubias de escándalo, Manny se metía con su moreno de spray, el cantante reía, se conocen. Al fondo el actor Steven Bauer con su camisa negra y abierta, ya no recordaba su figura a la del espigado amigo de Tony Montana en Scarface. Y de pronto abrió el baile alguien importante que no conocía, pasaba de los 70 y recordaba a “Santo Trafficante” de Donnie Brasco. Después el baile, todos se movían de manera impecable, mi amigo panameño lo hacía a la perfección mientras yo apuraba el trago más largo, seguía viendo famosas y curvas, tantas como en Laguna Seca. Una chica insistió en bailar, uf! (me negué) “Lo mío no son estos movimientos -comenté- “Acaso son otros?” -contestó-, acto seguido estaba bailando con ella, no sé por qué pero me convenció, no debí hacer mucho el ridículo porque mis errores de movimiento se camuflaban entre la muchedumbre. Otra copa más, el descanso del meneo en espiral y alguien que recuerdo que quería presentarme a su hermana. Los Ángeles es así. Creo que todavía estoy allí, cruzándome con mujeres que jamás volveré a ver o esperando a entrar en el servicio mientras pasa Eva Longoria. Y de fondo, siempre de fondo Johnny Polanco y su Conjunto Amistad. En mi retina el recuerdo al cantar junto a ellos cuando ya nadie quedaba en el local. Nunca olvidaré aquella noche mágica, la noche del Floridita.

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