La Obdulia.

IMG_20150409_193320Hoy hace un mes que se fue mi abuela, nunca la llamé así, para mi siempre fue, es y será “La Obdulia”; y me he animado a dejar la carta que ella me pidió que escribiera y leyera en su funeral. Va por ti jefa. Te quiero.

“Ya puedes ir preparando la carta majo”. Me dijo recientemente.

Muchas veces tomamos referencias de esos ídolos artificiales creados por el cine o la televisión, cuando los verdaderos héroes y heroínas son la madre, el padre, los abuelos, los héroes cotidianos. Para mi Obdulia era mi superhéroe, era una estrella de cine. Cómo puedo escribir toda una vida junto a ella en este papel. Mi primer recuerdo de la Obdulia fue en la cuna. Siempre he tenido dos madres y se ha ido una. La Obdulia, la Lula, nunca la llamé abuela, para mí siempre fue más. No tenía capa, ni traje ni volaba, pero era la mujer que siempre estaba ahí, al pie del cañón. La que estaba pendiente de todos, la que me llevaba al cole, a poner las vacunas, a pasear al monte, la que reía junto a mi, la que me renegaba, la que preparaba el zumo de naranja, la paella, las alubias rojas con arroz y los cuellos de cordero.

Y ahora orgulloso aquí, después de 35 años, digo que he aprendido muchos de sus valores hoy en extinción. Como la palabra, la integridad, la sinceridad absoluta aunque duela, el sacrificio o la disciplina. Sí, porque era una mujer de carácter, exigente y muy crítica. Fortaleza marcada por una dura infancia ejemplo de responsabilidad. Con 8 años cuidaba de las cabras en el monte con su hermanito a cuestas. Como ella decía. Y es que siempre tenía su Ezcaray presente y su aldea natal Zaldierna. Eran Nueve hermanos, pero 5 hermanitos pequeños murieron quedando cuatro que crecieron siempre unidos: Ángeles, Obdulia, Luciano y Victoria, nos queda la pequeña que hoy cumple años. A todos siempre tuvo muy presentes. Estos días hablaba mucho de su madre Vitoras, de su padre Vicente “El americano” y de su tía Daniela que era fuerte como un roble y longeva, a la que decía parecerse. Obdulia siempre tuvo clase, le gustaba cuidarse y lo hacía con estilo.

Muy joven vino a Pamplona y poco después se instaló en Noáin desde que se casó en 1956 pueblo que adoraba en donde vivió junto a mi abuelo Abelardo al que todos recordamos, formando una familia sencilla y sólida. Ha disfrutado de su biznieto y del cariño de todos. Últimamente no ha salido mucho, pero todos los domingos veía en la tele 2 misas, era muy religiosa y durante muchísimos años se sentó allí, en aquel banco.

Y hay algo que muchos desconocen, era una gran lectora, y tenía una gran riqueza léxica, su último libro “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway, casi terminado, lo dejó en la página 483.

Hoy doblan las campanas por ella, Por Obdulia García Robredo, La jefa.

Me quedo con su frase:

 “La vida es un suspiro Mikel, un pestañeo. Haz todo el bien que puedas y no debas nada a nadie”.

¡Cuánto te voy a echar de menos!

Te queremos mucho todos.

Gracias por tanto Lula,

Tu Mikel-

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2 Respuestas a “La Obdulia.

  1. Las abuelas nunca se van, siempre siguen aquí, contigo; con nosotros, en nuestros recuerdos

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