Blue Jasmine

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Nos conocimos mientras sonaba de fondo “Blue Moon”. Desde entonces Jasmine French es Blue Jasmine, el síndrome del lujo en la interpretación de Cate Blanchett. La actriz australiana nos muestra en la última obra de Woody Allen su candidatura al Oscar en un trabajo más que sublime.

La honestidad como telón de fondo en este drama de estereotipos marcados por clases opuestas tan distantes como cercanas. Dos hermanas, dos polos opuestos que se tocan.
Blue Jasmine es una mujer con clase que vive en lo más alto gracias a su matrimonio con Hal (Alec Baldwin) un importante magnate y mangante, por ello y otros motivos nuestra protagonista se verá obligada a trasladarse de Nueva York a San Francisco para ir a vivir con su hermana Ginger.
Ginger es una cajera separada con dos hijos y con nuevo novio. La convivencia de estas dos personas tan diferentes se verá enfrentada por la inadaptación de Jasmine, una mujer dependiente de los fármacos, del qué dirán y la búsqueda ansiada de un marido a la altura de sus expectativas.

Adaptación, conformismo, fracaso, honestidad y lucha. Jasmine siempre mira hacia otro lado cuando le conviene, hasta que pierde, no sabe perder porque nunca ha luchado por nada. Es egoísta, y cuando ve peligrar su estatus es cuando reacciona y actúa. Vive en la mentira, una mentira que le reporta beneficios, y al concluir esto último surge la verdad y llega su fracaso.
Tiene el arte de saber buscar un hombre a su medida para sobrevivir en su medio, es dependiente nunca superviviente. Con la supervivencia individual llega su enfermedad, su trastorno, solo es feliz a su manera no concibe otra forma de vida. Por otro lado tenemos el conformismo y la adaptación de Ginger una fracasada para Jasmine, pero superviviente. Tiene trabajo, novio, pretendientes. Un Todo que para Jasmine es la Nada más absoluta, ausencia total de clase e inquietudes, si bien es cierto que las inquietudes que adopta Jasmine son por recomendación de quien no las tiene, Ginger. Las dos realmente no tienen dichas inquietudes solo que una no asume su nuevo rol y la otra se encuentra en su hábitat, un hábitat que domina.
Magnífica la interpretación de Augie (Andrew Dice Clay), el ex marido de Ginger, tal vez una de sus aportaciones al final de la película tengan la clave de la misma. El encuentro con la verdad ante el umbral de la nueva vida de nuestro Jazmín azul.

¿Dónde está el equilibrio?

Woody Allen nos muestra la dualidad extrema de dos hermanas tan diferentes que ni siquiera son hermanas, el autor incluso subraya desde el principio que ambas fueron adoptadas. Esto acentúa todavía más las diferencias entre ambas. En esta balanza tenemos por un lado el fracaso de Jasmine ante la imposibilidad de luchar por nada verdadero (y a verdadero me refiero a vivir en la verdad, no en la mentira y el reto de afrontar el medio, la vida no esta hecha a su medida) y la desestructuración de Ginger que también ejerce la mentira pero cree tener el mando de su vida, aunque no haya pensado en las consecuencias de sus actos respecto a la agresividad de su pareja, algo que siente cotidiano en su vida y nada peligroso al tener el control del amor de su pareja. En definitiva dos mujeres socialmente opuestas pero unidas por la búsqueda de la felicidad, aunque el nivel de conformismo sea totalmente diferente en escala.

Puede que todo sea cuestión de adaptación…Y es que a veces hay que saber tomarse un Martini en soledad, con una rodaja de limón en espiral mientras suena de fondo Blue Moon.

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