CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 18- Villers-Bocage (Parte II)

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Retomamos aquella fresca mañana de verano en Villers-Bocage cuando conocí a Michael Wittmann en aquel encuentro tan imaginado como histórico y al menos respirado. A veces la Historia deja que la respires para oxigenar el alma.

Aquel hombre-Tigre y Elefante se había alejado con la primera luz de la mañana perdiéndose en la bruma de los tiempos.
(Viene de la primera parte en el anterior capítulo, dejo el enlace para el que no lo haya leído)
CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo-17- Villers-Bocage(Parte I)

De nuevo calle arriba un chirriar de múltiples cadenas.

Es la 22ª Unidad Blindada Británica junto con la 7ª División Acorazada: Las ratas del desierto habían sacudido su arena en el pasto normando para dominar la colina 213. Los Sharpshooters lideran la marcha en su entrada al pueblo. La 4 County of London Yeomancry impresiona. La historia escribirá en Villers-Bocage una de las Batallas más impresionantes de la II Guerra Mundial.

No muy lejos de allí, Wittmann es informado por un sargento de la presencia Británica en Villers-Bocage. Los Británicos se están desplegando en la ciudad. Multitud de tanques y semiorugas ocupan el lugar.

A la hora de Té, en la entrada del pueblo tranquilamente charlan soldados británicos al mando de sus vehículos, algunos con el motor en marcha pero todos parados. De pronto el mismísimo infierno aparece en forma de un enorme y solitario Tiger. Es Wittmann, ha llegado. Bobby Wolf, hombre de confianza de Michael comienza a desatar la locura, con su MG34 lanza un sinfín de balas. Muchos soldados huyen corriendo como pueden, les ha pillado de sorpresa. Wolf destruye un semioruga que Wittmann vuelca bloqueando la salida de Villers-Bocage, así nadie puede salir. Wolf sigue a lo suyo sin dejar de disparar, los soldados que han huido no pueden salir de sus escondites, llueven balas sin cesar. Tres tanques británicos son destruidos, el Tigre comienza a escupir fuego. A su paso Wittmann deja hierros retorcidos y el rugir del Tigre resuena por toda la ciudad. El artillero frontal, Sturmann Gunther Jonas hace de las suyas mientras Wittmann dirige la operación con gritos desgarradores. Ya son 15 vehículos y dos cañones antitanques más otros 3 tanques los que han destrozado Wittmann y sus hombres. Su Tigre escogido ese día es el Nº 222.

Una vez ya dentro de la ciudad divisan 4 tanques Sherman, nuevamente Wittmann domina su innata habilidad para maniobrar de tal forma que sorprende a 3 de ellos destruyéndolos en apenas minutos. La metralla salpica a los soldados que intentan protegerse como pueden. Demasiado fácil (Wittmann no sabe que esos vehículos no estaban en ese momento armados, la sorpresa es mayúscula y los británicos no estaban preparados para el combate) Wolf apunta con el cañón al Sherman que queda, no responde, con un impacto frontal vuela por los aires, y la torreta queda en medio de la carretera bloqueando la salida, era el tanque médico. Villers-Bocage es ahora una bolsa de muerte y destrucción dominada por un solo Tiger. El hombre tigre continúa su implacable avance. Le está esperando el Capitán Patrick Dryas, oculto en un Cromwell tras una calle adyacente.

El Capitán Dryas muy hábilmente mantiene su vehículo en silencio hasta que logra sorprender a Wittmann disparando dos proyectiles al Tiger. Impactan pero no explotan, rebotan. Sin duda el mismísimo demonio ha llegado a la ciudad, el Tigre parece invencible.

Es en ese momento cuando el Capitán Dryas sale tras Wittmann con gran valentía. Wittmann maniobra para salir de allí y de frente se encuentra con otro tanque británico liderado por el Sargento Lockwood. John L. Cloudsley-Thompson observa todo agazapado, uno de sus tanques minutos antes había sido destrozado por los impactos de Wolf. Lockwood dispara al Tigre y le produce leves daños, de nuevo Wittmann se ve obligado a forzar la máquina para salir de allí, pero antes destroza un muro para que sus restos caigan sobre el Sherman del sargento Lockwood, dejándolo inservible.
El Capitán Dryas lo está esperando, Wittmann desafiante encara el Cromwell británico.

Patrick Dryas dispara a Wittmann de nuevo pero los proyectiles de 75 mm apenas arañan el grueso blindaje del tanque alemán. Wittmann grita a su amigo Wolf, éste dispara sin pensarlo y vuela por los aires el Cromwell, Dryas salta a tiempo y resulta ileso, sin embargo conductor y artillero mueren.

Entre fuego, humo y escombros Wittmann dirige el T-222 hacia la calle Clémenceau. Varios soldados llenos de ira viendo la increíble resistencia del tanque alemán abren fuego desde un cañón AT de 6 libras. Impacta en su punto más débil: las cadenas. El Tiger ha resistido impactos de mayor calado pero han logrado impactar con un cañón menor en el medio de locomoción y más delicado punto del vehículo. El Tiger ya no se mueve.
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Irónicamente está parado junto a una tienda de ropa llamada Huet-Godefroy. Entre sudor, hollín, grasa y gasolina salen del Tigre, saben que no podrán resistir demasiado tiempo. Y a la carrera se dirigen al cuartel general de los Panzer, situado a unos 15 kilómetros. Wittmann y sus hombres logran llegar y una vez allí informa de la situación.

La 1ª Compañía del 101 alemán comandada por el SS Rolf Möbius, acuden rápidamente para lanzar una ofensiva, los británicos esperan mejor organizados y no conseguirá el éxito de Wittmann, sin embargo logrará recuperar el famoso Tiger nº 222 que posteriormente sería reparado para volver a la acción, como así fue.
A su llegada a Villers-Bocage Rolf Möbius queda asombrado, comprueba lo que ha dejado Wittmann… Destruidos 21 tanques enemigos, con un solo Tiger y en compañía de Wolf y Sturmann han causado una gran cantidad de bajas enemigas, destrozando semiorugas, camiones y diferentes tipos de vehículos. La ciudad esta destrozada. Sin duda una de las más asombrosas hazañas de la II Guerra Mundial.

¿Pero qué paso con Michael Wittmann?

Si ya era leyenda por sus incursiones en Zitadelle y la batalla del Kursk entre otras muchas acciones, la leyenda es elevada al Olimpo. El propio Hitler lo recibe en Berchtesgaden, como ya lo recibió anteriormente cuando lo condecoró personalmente concediéndole las Hojas de Roble para su Ritterkreuz, así como la Cruz de Diamantes con el ascenso a Obersturmfuhrer. En esta ocasión previamente lo recibe el Comandante de División Dietrich y el propio Fritz Bayerlein lo recomienda para las Espadas de la Cruz de Caballero y Hojas de Roble. Poco después, el 22 de junio de 1944 recibe el honor de manos de Dietrich. Con los honores impuestos se dirige entonces al Nido de las Águilas para ver al mismísimo Fuhrer.
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Pero pronto despertará de sus sueños de gloria, se reincorpora a filas y el 8 de agosto de 1944 llega su final.

El hombre Tigre y Elefante vuelve a la batalla.

Operación “Totalize” 8 de agosto. Wittmann se encuentra inmerso en la temible Bolsa de Falaise. Wittmann y su compañía está integrada en la 12ª SS Pz.Gren.Div “Hitlerjugend”, al mando el legendario Kurt “Panzer” Meyer. La División está compuesta en su mayoría por las Juventudes Hitlerianas. De un total de 60 tanques, Wittmann solo dispone de 6 bajo su mando. Frente a los 600 tanques aliados que rodean a los alemanes. Además con el Comandante ya no se encuentra su amigo Wolf ni Sturmann Jonas. Baltathar “Bobby” Wolf se encuentra en la enfermería en ese momento recuperándose de unas leves heridas. (Wolf sobrevivió a la guerra y falleció en 1996 por causas naturales). Con el comandante Michael Wittmann se encuentran Gunther Weber (cargador), Karl Wagner (artillero), Heinrich Reimers (conductor) y el operador de radio Rudi Hirschel.
Los hombres que le acompañan apenas tienen experiencia, aún y todo Wittmann les anima a la batalla. En el pequeño pueblo de Cintheaux se encuentra el destino del Tiger Nº007 y sus tripulantes.

A partir de aquí de nuevo la leyenda, mucha confusión de qué ocurrió en realidad, por un lado se dice que Wittmann aquella mañana estaba muy nervioso y había atacado varias columnas enemigas de forma muy agresiva, al entrar en Cintheaux una emboscada de Shermans canadienses aguardaban. Entre 4 y 8 tanques desde varias bocacalles rodearon al Tiger destruyéndolo por completo, otra teoría afirma que el Tigre dañado por diferentes averías había sufrido una explosión interna debido a fallos mecánicos, gasolina y munición que explotó. La torreta saltó por los aires (Hay documento gráfico de ello, foto)wittmann_28

Y lo que sí es cierto es que todos murieron. Así terminaba la leyenda del hombre Tigre y Elefante… o no? Su cuerpo no apareció… hasta 1983. Junto a sus compañeros en una carretera de Caen hacia Falaise.

Hoy Michael Wittmann y sus compañeros reposan en el cementerio de La Cambe.
Atrás quedaban sus números: 141 tanques y cañones de asalto, y 132 cañones contracarro todos ellos destruidos.

Y en la Cambe pude ver la última huella de su Tiger en la lápida de Michael Wittmann…
el hombre Tigre y Elefante
.
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Os dejo el himno de los Panzer, el mismo que cantaron tantos jóvenes muertos en estos campos de sangre y miedo.

1.-Si hay tormenta o nieve,
o si el sol brilla sobre nosotros,
el dia caliente resplandece
o la noche es helada.
Polvo hay en nuestros rostros,
pero feliz es nuestro corazón,
nuestro corazón,
como el rugido de nuestros tanques,
en medio de la tormenta.
2.-Con las máquinas retumbando,
rápidos como el relámpago,
de frente al enemigo,
dentro de nuestros tanques blindados.
Delante de nuestros camaradas,
en la batalla de pie permanecemos,
sí de pie permanecemos.
Así es como nostros acometemos profundo,
dentro de las lineas enemigas.
3.-Cuando detrás de nosotros,
un tanque enemigo aparece,
a toda marcha le damos
y acometemos al enemigo!
¿Cuál es entonces nuestro objetivo en la vida?
¿Por nuestra patria o nuestro ejercito?
sí, por nuestra patria y nuestro ejército!
Morir por Alemania,
es nuestro más grande honor.

4.-Con obstáculos y minas,
el enemigo nuestra senda bloquea,
nosotros de él nos reímos,
y por encima pasamos.
Esto sacude violenta y furiosamente,
en nuestra mano,
sí en nuestra mano.
Encontramos un camino por nosotros mismos,
que nadie más ha encontrado.

5.-Y si nosotros caemos en el agujero,
por mala suerte algún día,
y si nosotros no regresamos,
a nuestra patria de nuevo,
si una bala nos derriba,
si el destino nos llama,
sí, si nos llama,
entonces nuestro tanque será
una tumba de hierro para nosotros.
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