Crónicas Normandas -Capítulo 16- Pointe du Hoc. Cicatrices de guerra.

Pointe du Hoc, cicatrices de guerra.
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Único, enorme… cicatrices de guerra en La Pointe du Hoc. Bombas y cráteres en el campo con vistas al mar, balazos en las paredes, búnkeres destrozados, túneles subterráneos y heridas para siempre en el corazón de la memoria que nunca fue olvido. Los Rangers llegaron, subieron, ganaron y perdieron. Vivieron y murieron pero lo consiguieron. Gracias Rudder.
Apenas 200 hombres llegaron bajo la sombra del promontorio rocoso de Pointe du Hoc. Un acantilado que debían subir escalando a pulso bajo el fuego enemigo. El Coronel James Earl Rudder arengando a los suyos gritaba ánimo ante la desesperación con el escupir de balas y detonaciones sobre sus tímpanos.
Rudder en la barcaza y bajo el cañoneo enemigo ya gritaba a pleno pulmón: “¡¡Chicos, vais a ser los primeros en tocar suelo francés y no vais a estar solos!!
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Tendrían que subir a pulso 40 metros de acantilado, lo hicieron y doblegaron sus defensas.
El asalto sobre Pointe du Hoc estaba pensado para ser dirigido por un oficial de reciente promoción, pero éste se encontraba totalmente borracho momentos antes de partir hacia su objetivo, ante esta situación el Coronel Rudder decidió liderar en persona la acción. Un hecho sin precedentes. Un Coronel a la vanguardia de sus hombres en una de las lanchas de primera línea, expuesto a morir como uno más de los soldados.
El Teniente General Clarence Huebner Comandante de la 1ª División de la Playa de Omaha prohibió a Rudder dicha temeridad a riesgo de perderlo, a lo que el Coronel le replicó: “Siento mucho desobedecerle, Señor, pero si no asumo el mando no lo conseguiremos”.

La presencia de todo un Coronel junto a soldados rasos en primera línea de fuego fue toda una inyección de moral y las arengas de éste hacia sus semejantes forjaron su posterior leyenda.
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Tres compañías de Rangers avanzaban, la Compañía D, E y F, cada una integrada de unos 70 hombres aproximadamente.
Previamente aviones y acorazados habían bombardeado La Pointe du Hoc obligando a los alemanes a ocultarse bajo sus búnkeres, protegidos así del feroz bombardeo. En total recibieron el impacto de más de diez kilotones de explosivos, equivalente a la bomba de Hiroshima. El acorazado Texas cesó su fuego a las 6.30, cuando los Rangers tenían previsto tomar tierra. Pero tardaron más de media hora en llegar y eso dio ventaja a los alemanes que les esperaban en sus puestos de defensa.
El 916º Regimiento de Granaderos (de la 352 División de infantería alemana) dio la bienvenida sin piedad con todo su fuego posible.
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Los Rangers estuvieron expuestos al fuego enemigo a lo largo de 4 kilómetros de costa.
El Sargento Frank South recuerda como soportaban un fuego intenso del que no podían distinguir ni de dónde venía. Mientras el teniente James Eikner achicaba agua con su casco, esquivaba las balas y otros vomitaban, todo a la vez.
El Coronel Rudder fue uno de los primeros en llegar a la playa, nada más pisar tierra las ametralladoras mataron a 15 Rangers.
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Junto a Rudder se encontraba Travis Trevor, un británico de pelo negro rizado, fortachón de 1.90 que había hecho la instrucción con los americanos, que daba ánimos a todo el mundo. El Teniente Veermer le gritó que se agachara que lo iban a matar. A lo que respondió: “Doy dos pasos cortos y luego tres largos, nunca me dan” y en ese momento una bala impactó en su casco y lo tiró al suelo. Se puso de pie se quitó el casco y con el puño en alto vociferó “¡¡Maldito Bastardo!!”
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El teniente Kerchner había perdido su fusil, empuñaba tan solo una pistola y a su alrededor caían muertos o heridos sus compañeros, los bombardeos habían hecho multitud de cráteres en la orilla y hacía muy difícil avanzar, y además su lancha había naufragado. Recogió un rifle de un compañero muerto y siguió avanzando.
Debían escalar 40 metros de acantilado y para ello tenían un invento que habían ideado los comandos británicos: Lanzacohetes con cuerdas de escalada atadas a ellos, pero las cuerdas estaban tan mojadas que su peso había aumentado considerablemente y solo unos pocos resultaron operativos.
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Utilizaron las pocas que pudieron y también escalerillas de cuerdas que habían elaborado. Poco a poco fueron subiendo prácticamente a pulso. Muchas de las cuerdas y escaleras eran repelidas desde la cima por los alemanes que descolgaban sus grafios. Pero afortunadamente la astucia de los Rangers hicieron que pudieran llevar su misión adelante, muchos de los arpones que lanzaron llevaban mechas encendidas, así que los alemanes pensaron que eran explosivos, alguna especie de arma aliada a punto de estallar. En unos cinco minutos los primeros aliados habían conseguido trepar hasta la cima. Abajo, la playa estaba sembrada de muertos y heridos que pedían asistencia médica.
Una vez en la cima, un campo sembrado de cráteres, búnkeres y trincheras, varios nidos de ametralladoras y fuegos esporádicos desde diferentes puestos Tobruk y líneas enemigas. Los combates durarían varios días.

Rudder fue herido en una pierna que su compañero Veermer curó. A las 7.30 los Rangers tomaban la cima, pero todavía les esperaban dos días de duros combates.

Alambradas, minas y nidos de ametralladoras, los Rangers no recibían refuerzos y de los 200 iniciales apenas quedaban poco más de 40. Los capitanes habían muerto, y eran dirigidos por tenientes y por el Coronel Rudder que herido seguía combatiendo. Y pudieron resistir a pesar de todo.
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Se dio la circunstancia que los Rangers se quedaron sin municiones y tuvieron que seguir avanzando utilizando las armas del enemigo que se encontraban por el camino o que conseguían de los soldados abatidos. Cuando recibieron refuerzos por fin, varios días después, los americanos escucharon disparos y pensando que eran alemanes abrieron fuego, varios Rangers murieron y se dieron cuenta de su error cuando vieron cómo sacaban la bandera norteamericana.
Los combates en túneles y trincheras fueron feroces, terribles como muestran sus cicatrices de guerra.
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En 1953 el Coronel Rudder visitó la zona con su hijo de 14 años. “Hicimos nuestro primer prisionero alemán justamente allí. Se trataba de un chiquillo pecoso que tenía aspecto de un chico americano como tú. Había más soldados alemanes por la zona así que avanzamos con el chico en primera fila para que salieran de sus escondites. De pronto aparecieron abriendo fuego, y al chico lo mataron cayendo con las manos todavía puestas en la nuca”.

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2 Respuestas a “Crónicas Normandas -Capítulo 16- Pointe du Hoc. Cicatrices de guerra.

  1. Muy bueno Mikel

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