Txiki

Cuando todavía no había visto Txiki alguien me dijo que el documental era como una lavadora centrifugando en el desierto. Por supuesto era algo en tono irónico como una barrera bromista ante la abstracción, nada más lejos de la realidad.

Txiki es el paso de la vida en el atardecer ámbar de un lienzo que colorea capa sobre capa. Presente sobre pasado de un Todo continuo que no cesa.

Inmovilidad del tren de la vida, que por un instante se detiene ante nosotros, como un regalo presumido.

Txiki es una pieza documental sobre el artista plástico pamplonés Txiki Medina (1958). La obra está centrada en el proceso evolutivo de un lienzo al óleo. La pintura se va componiendo poco a poco, inspirada en espacios urbanos degradados, encuentra una naturaleza que habla al espectador, que se expresa a través de los sentidos. Es el poso que va dejando el transcurso del tiempo en cada imágen. La pintura como metáfora de lo fugaz. La importancia de los sentidos, y el silencio en cada expresión conforman un puzle de diversos ángulos de visión.

Sergio San Martín nos muestra el virtuosismo de un autor plástico en todos sus sentidos, creando poesía cinematográfica en cada mirada, cada postura, en el semblante del silencio con el único sonido del pincel del tiempo. El director consigue con las imágenes sensaciones que rozan la profundidad emocional, siendo el espectador un testigo intrínseco que traspasa el lienzo, más allá del horizonte urbano y decadente de bombillas al anochecer. Nos muestra dichas luces urbanas como estrellas tintineantes de nuestro espacio cotidiano, luces que habitualmente pasan desapercibidas.

Txiki nos muestra la fotografía del pasado familiar, el tempus fugit de viajes y libros que esperan ser vistos.
Un gato respira cada fricción del lienzo que abre puertas hacia espacios abiertos desde el interior.
La conciencia desnuda el alma del poeta al óleo. Txiki es poeta y pintor, alfa y omega, principio y fin.
Predomina el ámbar. La pintura se manifiesta como elemento de poder natural. Emerge de la tierra, del fuego, del agua y el viento. Ocre, madera y piel.

Txiki es fronterizo y crepuscular en el atardecer naranja de la vida.

Txiki es el cobertizo abandonado de ese recuerdo que ya no volverá porque partió del andén del tiempo.

Txiki nos muestra la reflexión cansada de la experiencia en un rostro pensativo y exhausto… pero vital. La mirada siempre en movimiento de quien controla la pausa.
Claroscuro del pintor en zapatillas de hogar y habitación contigua en reposo. La cámara respira impaciente esperando su obra.
La creación de la farola ilumina el pensamiento que se apaga en el inicio de un fin que nos ilustra con su luz. ¿Qué nos quiere decir su autor? Tal vez la luz de una obra completada ¿O no? Solo el estudio de la farola en el film nos da para una reflexión propia, un análisis que queda para el espectador y su pensamiento. El pensamiento de una espiral dentro de la propia elipsis de la obra.

Txiki Medina tiene la necesidad de exteriorizar su arte con la puesta en escena de su ritmo, en los diferentes vehículos del arte. Dualidad del viajero inacabado y elíptico que aguarda el momento preciso para partir hacia su siguiente obra, hacia el próximo atardecer. Hacia ese lugar que nadie ve y que siempre observa Txiki.

Trailer de Txiki

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