Lourdes

Con un alarde de planos sencillos muy bien elaborados, la directora austriaca Jessica Hausner pone de manifiesto ante el espectador una película fría de complicadas relaciones humanas. Lourdes habla de las personas, envidias, egoísmo y soledad, esperanza y búsqueda del sentido; no sólo de la vida sino de lo que acontece alrededor. Se prioriza la oficialidad de los hechos, la importancia de la palabra milagro no del milagro en sí. El universo del propio milagro ofrece la crueldad de un lugar oscuro, una caverna prehumana a donde acude la enfermedad automatizada. Todo lo que hay alrededor es un negocio de esperanza de curación casi teledirigida, en donde alberga la última motivación y el deseo de cada persona.

La hilera de personas avanzando hacia la gruta como autómatas, es la visión gráfica e inmovilista de toda una sociedad actual. Inválida en el pensamiento ante una figura fría de plástico que nos observa.
Una figura de plástico blanco y azul, con el contenido líquido y sagrado de la purificadora agua de la última esperanza… de inquietud y miedo.

Hay que destacar a una magnífica Elina Lowenshon, esa figura de la monja un tanto siniestra y sobrenatural abriendo un paraguas que sirve como guía hacia el más allá. Ese rostro pálido y ceril, con una mirada que traspasa al ser humano. Su susurro es atendido de forma radical, su fortaleza es tan alejada como sexual.
Lourdes es ese plano superior diagonal de tres personas sirviendo comida sobre mesas vacías y ordenadas, Ave María suena de fondo. Poco a poco van entrando personas: Ancianas, minusválidas y religiosas.
La pregunta directa y la respuesta sutil. ¿Hace muchas peregrinaciones? –Sí, si no no saldría de casa, no es fácil viajar en silla de ruedas. Maravillosa actriz Sylvie Testud.

La curación, parcial o total, reconocida o no reconocida. No habita en el agua sino mediante la bendición. Personas solitarias que esperan recibir algo. Cuando el rezo es por la curación del alma no del cuerpo, siempre queda ese abrigo de lo inmaterial, cuando no llega lo deseado. En un grupo que busca respuesta entre interrogantes en la ironía de nuestra incomprendida vida. Suena de fondo la canción Felicità como una broma pesada y se da el siguiente diálogo durante la cena:

“Supongamos que el milagro no dura, porque no se trataba de un verdadero milagro… y en ese caso Dios no tiene nada que ver…”
“¿Y quién entonces”?
“Por cierto… ¿Cree que nos darán postre?
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Porgrama de radio sobre Apariciones Marianas en el cine

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