Crónicas Normandas -Capítulo 11- Perros Guirec


Una soleada jornada amanecía rumbo a Perros Guirec, preciosa localidad costera. Gran playa la de la población que está a un par de horas de la casita de campo de Moidrey dirección St. Breuc pasando Lannion. La playa limpia así como sus aguas transparentes y frías. Desde la arena tomando un baño de sol entre relajación y curiosidad percibo encaramado en la roca lo que parece un búnker de la II Guerra Mundial.

Me incorporo del letargo playero y pregunto a una joven la posición de la defensa pétrea, un jubilado cercano asiente confirmando mis sospechas, una defensa de la antigua ocupación alemana. Ni corto ni perezoso con mi bañador amarillo y un sombrero de paja “escalo” las rocas con cuidado, en mi pequeña ascensión colonias de moules (mejillones) saludan a mi paso, caracoles y algas enredan el tránsito. Por fin llego al búnker, me impresiona su estructura dañada con marcas de impactos y otras tantas extrañas por el tiempo y la intrusión.

El búnker esta tapiado, un francés que al igual que yo curiosea me señala el aire que sale de una cavidad. La entrada conduce a un sinfín de galerías que se adentran en la roca y el subsuelo. La vista domina la bahía de Perros Guirec. Puedo sentir el avance aliado desde el puesto de mando alemán y la voz de alarma del vigía. El descenso con cuidado y precaución… pan comido.
Vuelvo en silencio a mi toalla en donde me quedo dormido con el relevo de otro centinela invisible, el del tiempo. Me despierta la comida de las 14.30 y la sed del propio verano. Un alboroto jovial me anima, se está organizando un campeonato de Fútbol-Tenis por parejas. El organizador me dice si quiero jugar. ¡Por supuesto!
Y así lo hago con él, un hincha del Rennes. 2 partidos: El primero perdemos 12-11 contra unos chavales que eran pura vitalidad. El segundo ganamos 12-7 contra el hermano gemelo de Patrick Vieira.
Una tarde divertida nos ponemos en marcha rumbo a nuestro cuartel general. A la vuelta paramos en Dinard, bonitas vistas con casas señoriales, un lugar turístico con glamour y casino incluido. De merienda una manzana al borde del acantilado.
Una vez en la casita, ducha y cena en la habitación. No era la mejor cena pero sí la mejor compañía.

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