CRÓNICAS NORMANDAS –Capítulo 8- Un largo paseo.


Desde Pontorson la vuelta del día anterior había sido considerable: Lehon, Lamballe, Pléven, Plancoët, Saint Cost de Guildo, Matignon, Plévenon, Fort la Latte y el bonito faro de Cap Frehel, con unos mareantes acantilados, unos 300 kilómetros de disfrute, cenamos en el propio coche, los víveres eran como para perderse en la niebla y aparecer en Chile, teníamos para años de travesía. Durante la cena tuvimos hasta la visita de unos gendarmes, debíamos ser sospechosos y nos alumbraron con una linterna con el saludo en silencio de un Bon appétit.

Al día siguiente de nuevo a buen ritmo, Dinan como ya dije en el capítulo 5, es una población preciosa como también lo es Dol de Bretagne, las casas rivalizan ancladas en el tiempo de una belleza singular, pasear por su avenida es respirar el aire coloreado de dinteles de madera calle arriba. Como también es reconfortante un café de terraza en Cambourg junto a su impetuoso Castillo inspirado en la mejor novela de ficción.

Sobrio, elegante y engalanado con el vestido primaveral de enredaderas verdes y pájaros que entonan mil melodías en el batir de alas de otro tiempo. Hoy se intuye el caminar reflexivo de quien vivió y respiró sus muros con prosa y romanticismo, el escritor François René de Chateaubriant. El castillo fue erigido en el Siglo XI pero fue transformado en el Siglo XIV y XV y adquirido por el padre del escritor en el XVIII, Memorias de ultratumba evocó su recuerdo añorado, Chateaubriant falleció en 1848, a los 80 años de edad, su cuerpo reposa en un pequeño islote junto a Saint Maló (donde nació) solo se puede acceder cuando baja la marea, como símbolo de respeto, todavía hoy sigue recibiendo visitas cuando él quiere ya que requiere intimidad para su inspiración y no gusta de que se le moleste.
El castillo fue restaurado en 1876 y guarda muebles, objetos y pinturas del propio autor, por supuesto la entrada no es gratis y hay que pagar, un paseo bucólico junto a un estanque y el mejor de los parajes cinematográficos. Según se dice nobles fantasmas pueblan el lugar cuando cae la noche.

En Dol se aprecia el paso del General Patton, más discretamente que en su triunfal Avranches y el recuerdo a combatientes norteamericanos que allí dejaron su vida.

De vuelta a nuestra oficina central de operaciones en Pontorson nos esperaba el Café Grillón famoso por sus Creppes de Nutella, en mi caso también con nata, había que coger fuerzas para dirigirnos a Granville, una vez allí, fotos junto al Casino en una muralla mirador, marítima y en compañía de confiadas gaviotas, el viento de Granville es impetuoso, casi feroz desde allí un ferry nos dirige a la isla de Jersey en donde se encuentra una espectacular torre de vigilania alemana, un viejo vestigio de la ocupación nazi.

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