CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 4 – Cancale, el paraiso de la ostra.

Cancale es la perla del norte, el paraíso de la ostra natural y salvaje que habita en la marea baja de orillas interminables, playas oscuras y puertos sencillos. Los pescadores bretones de aire independiente y aspecto bohemio pasean sus mostachos de curvatura elevada y sombreros de ala ancha que doblan esquinas para saludarte calle arriba. El movimiento de sus gentes se abre en cada ventana que ventila el hogar cálido y saluda al viajero con su viento del Atlántico siempre frío pero vigoroso. Rincones con vistas al mar recorren el paseo de pescado, marisco y la especialidad de sus deliciosas ostras y de los Moules-frites (Mejillones) con patatas fritas y mantequilla. Una noche aprendí a pinzar el mejillón son su propia cáscara y saboreé el vapor de su aroma humeante con el sabor de la cerveza y la sidra dulce y suave de Calvados. Las patatas siempre acompañan, extraña combinación a nuestro entender pero nunca falla su presencia como tampoco el tiempo rebelde e intempestivo que le da ese aire siempre indomable.

Respirar lo auténtico es acudir al puerto donde las ostras surgen del vivero en barcas con hielo, que una anciana vende del mar al plato, opción informal sin cruzar al restaurant de enfrente en donde el limón cuesta el doble y la ostra se sirve a precio de perla. Preferí sentarme en un bordillo de atardecer divisando un mar siempre bravo en inmejorable compañía ante una montaña de cáscaras que edifican una torre de babel y calcio. Un rondar contínuo de miles de gaviotas ladronas y pillas esperan su turno valientes, para rebanar el arrojo de tu pieza… todo ello conforma un gracioso cuadro de luz, sonido y sabor.

Cancale, siempre evocadora para una acuarela, para un poema en soledad, para un retiro en silencio y por edad. Cancale es eso y mucho más y seguro es la expresión de una vieja película en blanco y negro, de la bruma de un romántico que tuvo un pasado mejor y hoy respira nostalgia, la nostalgia del viejo pescador.


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2 Respuestas a “CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 4 – Cancale, el paraiso de la ostra.

  1. Me has hecho sentir allí mismo…. me encanta Normandia.
    Este verano volvemos a ir, cerca de Arromanches.
    Ya mismo me veo comiendo de nuevo Moules-frites que ganas….
    Lo dicho me ha encantado tu artículo.
    Un saludo.

  2. Gracias por tu comentario Toni. Un abrazo

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