Sr. Torres-Dulce: El hijo de Spencer Tracy no era Subnormal.

Recientemente escuchaba como tantas veces el podcast del programa de radio “Cowboys de medianoche”, un gran programa de EsRadio para buenos cinéfilos del que me delcaro seguidor y del que por supuesto siempre que lo escucho aprendo. El programa esta dirigido por Luis Herrero y compuesto por José Luis Garci y Eduardo Torres-Dulce, que a estas alturas no necesitan presentación. La Trinidad intenta transmitir entusiasmo como buenos cinéfilos que son, con esa fórmula de radio-tertulia cercana y amena que muchas veces deriva a cuestiones paralelas referentes a fútbol, literatura, televisión, gastronomía e incluso humor del fino… Ramificaciones del tema central que es por supuesto el cine clásico. Esta tertulia pretende ser fresca y dinámica pero en ocasiones se vuelve espesa, pedante e incluso soberbia. Una soberbia que se conforma a partir de la ausencia de crítica contructiva a su alrededor probalemente adquirida por un status que está por encima del bien y del mal. La veteranía del viejo pistolero que tiene toda la experiencia del duelo y que ya ni siquiera le hace falta desenfundar. El problema es que el cowboy de medianoche con el que tanto había disfrutado en el pasado se vuelve trasnochado, lento e incluso apenas reflexivo. Dispara al aire ante un micrófono soltando posta tan innecesaria como dañina. La charla de salón, de partida de poker para caballeros en la que se requiere etiqueta se vuelve tramposa destapándose las cartas de cada uno, ante ellos la mirada atónita de un oyente que como Henry Gondorff pasaba por allí sin su corbata reglamentaria y con unas gotas de Gordon`s en el cuello de su camisa de serenas intenciones. Y es entonces cuando Eduardo Torres-Dulce destapa sus naipes quedando eliminado completamente de la partida:

Programa con fecha de 30 Septiembre de 2011, minuto 31:34. Palabras textuales de Eduardo Torres Dulce: “En Spencer Tracy dicen que influyó mucho el hijo subnormal que tenía”.

No me parece de recibo referirse en este penoso término al hijo de Spencer Tracy, llamándolo “Subnormal” . Sorprende escuchar expresarse así a un señor de su categoría, que presume de ser adalid de la lengua española que sin embargo habla como si estuviera en una taberna rodeado de tintorros.

El micrófono requiere responsabilidad y respeto y más cuando uno se refiere a un niño, sí, un niño del pasado ya fallecido por la vejez, pero que representa a un niño que no merece jamás tal calificativo y sobre todo representa a su Fundación, a la Fundación John Tracy y lo más importante a los miles de niños que sufren el síndrome de Usher.

John Tracy era sordo, tenía un problema auditivo debido a este síndrome congénito que afecta al oído y con los años a la vista. De haber tenido algun tipo de discapacidad (que no la tenía) no creo que esa palabra “Subnormal” fuera la más adecuada, tal vez se dijera en los años 50 pero estamos en pleno Siglo XXI y además añadir a tan garrafal error su desinformación para más inri.

John Tracy merece el reconocimiento y la reparación que precisamente no se la da Don Eduardo Torres Dulce, por ello vamos a saber quién fue el hijo de Spencer Tracy y la labor de su Fundación que nada tiene de Subnormal:

John Ten Broeck Tracy nació el 26 de junio 1924, en Milwaukee. Antes de cumplir 1 año su madre se alarmó debido a que al dar un fuerte portazo de forma accidental el bebé no se despertó. Incluso después de seguir llamándolo alzando la voz debido al nerviosismo, el niño seguía durmiendo. Era sordo. Consultando a los médicos de la zona y tras el análisis de diversos especialistas diagnosticaron una causa desconocida que afectaba a la audición, el niño probablemente jamás hablaría.

Los Tracy se negaron a aceptar el consejo de los médicos. Gracias a la perseverancia de los padres el niño dijo su primera palabra con 4 años, dijo “Habla”, esa fue su primera articulación sonora paradójicamente.
A partir de entonces aprendió a leer los labios y a comunicarse.
Incluso, a pesar de un ataque de polio a los seis años que lo dejó con una pierna debilitada, Tracy comenzó a montar a caballo a los 9 y compitió en el Riviera Country Club así como diversas competiciones. También se especializó como jugador de Polo y con los años también practicó de manera muy notable el Tenis.

Gracias a la carrera y el éxito de su padre, la familia despegó y echó raíces en 1936 en un rancho de tres hectáreas en Encino, donde vivieron 19 años.

A los 14 años, John Tracy comenzó a escribir cuentos y relatos, también comenzó a dibujar. Esta pasión literaria le hizo editar de forma meticulosa un boletín periódico que realizó gracias a una imprenta que elaboró en su propia casa, entregado a sus familiares y amigos sus propias publicaciones.

Su fascinación y sagacidad por el cine y la literatura hizo que el propio Spencer cediera a su hijo una serie de guiones para que pudiera leerlos y darle su propia opinión y así lo hizo trabajando como asistente y consejero dramático de su propio padre. Algo que siempre recordó y citó en no pocas entrevistas su hermana menor Susie.

Aunque Tracy había sido educado en casa, también ayudaron varios tutores y gracias a su esfuerzo consiguió graduarse en Pasadena City College, su padre con orgullo habló en su graduación.

Después de asistir a lo que hoy es el Instituto de Artes de California, Tracy trabajó durante varios años en el departamento de arte de los estudios de Walt Disney.
Ya siendo un adulto supo que su sordera era debido al síndrome de Usher, una enfermedad genética que también fue responsable paulatina ceguera que ya fue casi plena a comienzos de 1990.

En 1953, se casó con Nadine Carr, una vecina con la que desde niño montaba a caballo y daban largos paseos siempre rodeados de naturaleza y buenos momentos. Tuvieron un hijo, Joseph Spencer Tracy, pero a raíz del matrimonio las relaciones comenzaron a deteriorarse, se divorciaron poco después en 1957.

John Tracy siempre llevó una vida completamente plena y normal con sus altibajos, su día a día, su trabajo, sus amores, desamores, ocio, amistades… Sus momentos más duros fueron cuando murió su padre en 1967 y su madre en 1983.
Tracy ya jubliado se retiró a Santa Mónica y dejó unas emotivas declaraciones al Daily News en 2003. Cuando se le preguntó si tenía un mensaje para los niños con deficiencias auditivas que asisten a la clínica que lleva su nombre, Tracy dijo: “Quiero que los niños sepan que pueden vivir una vida plena. Deporte, estudios, hobbies, inquietudes, noviazgo, matrimonio, tener una familia, conducir un coche. Todo eso y mucho más ”

Además de su hermana, Susie, y su hijo, Joseph, John Tracy tuvo 3 nietos.

La Fundación que lleva su nombre la inició la Señora Tracy en 1942 con la ayuda de doce madres que se encontraban en su misma situación.
Con mucha compasión, la señora Tracy estableció programas para educar y ofrecer apoyo emocional a los padres y a sus hijos sordos, sin costo alguno. La Clínica ha preparado a miles de niños y niñas durante todos estos años superando todos los desafíos de la comunicación y motivando a los padres a construír una base sólida de comunicación con sus hijos durante la etapa crítica del desarrollo del lenguaje .
La Clínica John Tracy provee, a través del mundo y sin costo, servicios para padres y sus hijos pequeños con problemas auditivos, ofreciéndoles esperanza, orientación y apoyo.
La planta de la “Yucca” es el símbolo de la Clínica John Tracy porque crece con gran belleza en condiciones muy difíciles, tal como lo hacen los padres y niños que acuden a la Clínica. Los niños sordos eventualmente “florecen” como éstas plantas. Son capaces de compartir sus talentos y capacidades con el resto del mundo a través de la comunicación y habilidad oral desarrollada durante sus primeros años.
La clínica tiene sus principios y sus valores, algo que hace que la unión y el vínculo afectivo sea un acto de todos y para todos:

Hacer un esfuerzo multilateral – nacional e internacional – en busca de los que podamos ayudar.

Impactar positivamente las vidas de los niños, padres y familias.

Facilitar la detección temprana de la sordera desde el nacimiento hasta los cinco años de edad.

Proveer servicios de intervención temprana a niños preescolares sordos e hipoacúsicos.

Ofrecer apoyo y educación a los padres.

Ofrecer un ambiente de lenguaje hablado a niños sordos o hipoacúsicos.

Mantener el liderazgo de la educación oral a través del desarrollo profesional e investigación.

Para más información la muy recomendable página web de la clínica John Tracy:
http://clinicajohntracy.org/

John Tracy falleció por causas naturales el 15 de Junio de 2007 a la edad de 82 años. Pero su espíritu sigue vivo luchando para ayudar a todos esos niños que intentan abrirse camino ante la adversidad para lograr una vida plena y feliz.

Espero Señor Torres Dulce que al menos este artículo le haga recapacitar o por lo menos reflexionar, su silencio y el silencio cómplice de sus compañeros es tan injusto como soberbio, y como ya ven no son infalibles ni el oyente es sordo, ciego ni subnormal y mucho menos lo fue John Tracy. Han destapado sus cartas del juego al igual que la omisión al correo que envié a su programa prefiriendo dar publicidad al nuevo libro de nuestro cowboy de medianoche Don Eduardo, o anteponiendo las típicas peticiones y alabanzas de los oyentes.
La partida de poker llega a su fin y vuelvo al tren de “El Golpe” y al eterno Newman que sonriendo les saluda con 4 jotas y con un “me debe 15 de los grandes amigo” así que ya sabe señor Torres Dulce no sea como Lonegan y sepa perder reconociendo sus errores o todo Chicago sabrá que no paga sus deudas morales de juego y no habrá quien quiera jugar más con usted.

Un saludo igualmente de parte de Spencer e hijo,
Atentamente
Mikel Navarro Ayensa

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9 Respuestas a “Sr. Torres-Dulce: El hijo de Spencer Tracy no era Subnormal.

  1. Mikel, sencillamente soberbio el artículo. Enhorabuena.

    José Domínguez

  2. Estupendo post, Mikel. Vamos, a mí que estoy un poco teniente del oído derecho por culpa de un tinnitus leve, no me llama subnormal ni Torres Dulce ni cualquier otro lumbrera de la “tribu de los Garci”. Por cierto, tiene gracia el falso twitter del “fiscal de medianoche”: @Torres_Dulce. Mucho más divertido que él, desde luego, que no tiene maldita la gracia. Abrazos!

    • q tal Javier, gracias x el comentario jeje. Lo del twitter me tengo q actualizar aunque con facebook por ahor aya me vale 😉 habrá q echar un vistazo a ese perfil menos dulce pero más cachondo.
      Abrazos!!

  3. Hoy he leido este artículo y debo decirte que me ha encantado.
    Desde principio a fin.
    Un saludo y gracias por tan gratificante información.

  4. Además de la sorderá, hay otras enfermedades de difícil cura. Una de las que más se está extendiendo es la de “lo políticamente correcto”. El otro día oía contar a un bloguero cómo había tenido que soportar las iras de los políticamente correctos por definirse a sí mismo como “discapacitado” (padece alguna enfermedad que le merma facultades físicas). Se quejaba de la terrible censura de los que ven fantasmas por todos los lados; de los que creen que detrás de cada palabra hay un insulto y delatan sus complejos persiguiendo a los que creen que los maltratan. Son los que procriben la palabra “negro” para referirse a esa raza y prefieren la de “afroamericano”, que no define nada (¿los americanos de origen marroquí no son africanos?); madre, para referirse a su progenitora (prefieren “mamá”); o, directamente, utilizan la palabra de otro idioma (muchas veces con un significado diferente y que impide comprender el mensaje): homeless por sin techo; gay por homosexual. Supongo que el autor de la bitácora apoyará a las que pretenden que se cambie el diccionario porque creen que es discriminatorio el uso del género neutro. Tal vez sea cosa de los periodistos y los policíos.

  5. Lo único que se me ocurre, es que he leído una buena lección de aquello que es justo

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