CRÓNICAS NORMANDAS. -Capítulo 2. El Monte Saint Michel.-

EL MONTE SAINT-MICHEL
CRÓNICAS NORMANDAS
4491 kilómetros recorriendo Bretaña y Normandía

La Manche es un retazo de Normandía que con su lengua de tierra se abre al mar para confudirnos con su espejismo de agua y hacernos soñar. Vientos y mareas sacuden al viajero que por siempre será caminante que se sumerje en su aire de pasado y pisar de peregrino. Un paisaje bucólico de contrastes: Litorales escarpados, playas de arena fina, verdes praderas, molinos de viento y carreteras secundarias.

En su infinito se divisa un perfil de corona pétrea, un apuntado estilete que preside el cielo sobre el mar y la tierra, es La maravilla de occidente que impone su luz.

Cada año tres millones de personas visitan el Monte Saint-Michel, obra maestra de arquitectura medieval construida en el año 708 y concluida cinco siglos después. Conformada en tres pisos destaca la capellanía, la despensa y bodega, la sala de huéspedes, el scriptoriu, refrectorio y claustro. Todo ello vigilado por la cúspide con su estatua del arcángel San Miguel que protege, custodia e impone su perfil sobre este importante centro de peregrinación y lugar de poder.

Un día antes de la visita a Saint Michel había llegado hasta sus muros con el atardecer a mi espalda y el temor de que la marea fuera traicionera y me aislara en su regazo, tal vez para siempre… o al menos por un instante. No tuve tal suerte y cuando el ángel de plata apuntó la luna con su índice volví sobre mis pasos para descansar en la casita de Moidrey, apenas a 2 kilómetros.

La aventura del peregrinaje en pleno Siglo XXI supone el esfuerzo o la gracia de madrugar para acceder al lugar santo. Arriesgarse más allá de las 10 de la mañana supone horas de atasco formando parte de una serpiente interminable de autocarabanas, vehículos y autobuses de medio mundo. A las siete de la mañana “llamada de despierto” (Término que se refiere al acto de madrugar y que nunca abandonaré desde que lo escuché en El Cairo día tras día en la voz de mi inseparable guía) de ocho a nueve desayuno copioso y partida. A las nueve y quince minutos se abría el mar ante mí y me engullía las puertas templarias de la Jerusalén atlántica.
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El Monte Sanint Michel es Patrimonio de la Unesco y estar frente a Él supone retroceder a tiempos extraños que te atrapan hasta sumergirte en reinos milenarios de magia, caballeros, damas y guerreros. Seres que habitan el umbral de lo imposible y sólo al cruzar la puerta de este Puerto de Hércules uno toma conciencia que se encuentra en las Minas Tirith del Señor de los Anillos y que después de sortear callejuelas de modernos mercaderes y vendedores de humo… A la vuelta de la esquina con la conexión del tiempo es posible divisar la silueta de una dama élfica en forma de turista, un viejo Gandalf en el rostro de un extrangero o un fornido Aragorn en el disimulado paso de cualquier mochilero que aparentemente pasaba por allí…

Su interior es sinuoso, laberíntico y profundo y su viento sabe a extraño cruceiro. Pequeñas terrazas que ilumina un paisaje infinito sin principio ni fin. Allí empieza todo y acaba… Pero no mi relato que continúa en este viaje de frescor a la mañana y sabores al atardecer… La noche es para las sombras, hoy es San Miguel.

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