CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 1, Un viaje de ida. –

CRÓNICAS NORMANDAS
4491 kilómetros recorriendo Bretaña y Normandía
Capítulo 1, Un viaje de ida.

La lluvía amenazaba la primera parte de un recorrido que amanecía en carretera y desayunaba en Burdeos. Burdeos nos acogía con fina lluvia y café largo. Un café de estación de carretera, de máquina que no da cambio ni tampoco buenos días. Si los dió sin embargo un orondo camionero que amable nos saludó por aquello de nuestro acento francés del sur de los Pirineos. Era murciano, que no de marte y departió con amablidad los entresijos de nuestro destino. Bella Normandía de estrechas carreteras, maíz en las cunetas, pastos infinitos y nocturnidad a media tarde por ausencia de farolas. Eso y mucho más nos aguardaba. Se despidió con amplia sonrisa de palillo ladeado, hombre robusto de metro sesenta y camiseta de tirantes para su mayor comodidad al volante. Destino Dover, rutinario pero sencillo viaje que le llevaría a Portsmouth.

Con un regusto todavía a café agrio refresqué mi sed con agua embotellada que compartimos Carmen y yo. Si, Carmen, mi compañera de vida, de viaje, de comienzo y de fin.
Recorrer casi 900 kilómetros era pan comido, se hacía entretenido descubrir entre conversación y conversación el nuevo disco del antiguo componente de la Fuga. Nombre algo áspero su nuevo “Rulo y la contrabanda”, pero me recordó su autenticidad con canciones como “Tranqui por mi camino” muy acorde con la llana y monótona pero bien asfaltada carretera gala. Sobre todo precaución por aquello de los disparos de radar que con estrategia invadía de vez en cuando un gendarme con cara de “Pierre que erre” al mando de un cañón fotográfico de cara factura.

Impresionante ciudad natal de Julio Verne que como guiño artísitco me recibió con el mayor espectáculo de circo del mundo. Varios kilómetros de carros, camiones, fieras y colores de un circo jamás antes visto, por un momento me creí atrapado en un universo digno del mejor Tim Burton. Todo ello se disipó cuando ascendí dirección a la luna, de la tierra a la luna, como lanzadera simbólica del viaje verniano un descomunal puente ascendente atraviesa la ciudad de Nantes y sobre ella uno imaginaba los bocetos que Julius plasmaría en noches frías de humedad penetrante y abrigo en soledad. Algo parecido debió percibir Joseph Cotten allá por 1958, antes incluso que el propio Armstrong pero a menor escala…Era evocador pero la ciudad merecía una visita menos esporádica, el viaje continuaba dirección Rennes.

Rennes tendría su momento, que por supuesto relataré. Pero el periplo tenía otro rumbo inicial, Destino Monte Saint Michel. Un desvío hacia St James, giro dirección Pontorson y… voilà, Moidrey. Nuestra casita de Hansel y Grettel nos recibía en el silencio del bocage de las cuatro de la tarde.

Poco antes de llegar a Pontorson y hasta Moidrey un súbito y espectacular acompañante nos seguía con la mirada, se elevaba aislado y vigilante la montaña de poder, el monte San Michel, sagrado e imponente se eleva el arcángel San Miguel sobre su pedestal mágico. Un regalo para los sentidos, posiblemente el último refugio del bien sobre el mal.

—–CONTINUARÁ…-

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