John Wayne.

Hombre íntegro sobre un caballo centauro y desértico. En colinas de recuerdo divisa sus dominios de mirada Chisum, con las riendas a mano cambiada cómodo en su atardecer de solitario árbol.
Caminar agarrotado de camisa a media manga tiene el desenfundar veterano de cinto ajustado y revólver siempre ladeado por encima de su cadera.

Carácter irlandés de taberna sureña, conservador y costumbrista, se bebe a trago el whisky en el honor de su justa medida.

Claro en sus principios y tradicional en sus modos, fronterizo en tierras de ganado, polvo y pasto, refresca el sudor de su frente con agua del Río Pecos y abreva sus caballos rodados.
Cada mañana se asea en una vieja habitación sobre un Saloon de resacas madrugadas, y se quita el jabón de los ojos cuando llega Mitchum para devolverle su carabina y su amistad. Es hora de partir hacia valles de sombra, en busca de El Dorado, montes de luna cruzando y siempre cabalgando.

En Río Bravo nos da una lección de unidad que ya predijo en las rojas aguas de su anterior caudal.
John Wayne es un hombre de otro tiempo, extinción de la serenidad perpetua cuando el hombre era hombre y el código de honor no tenía manual.

Hoy, el cuarto de estar de su familia lo preside un triste caballo con montura y sin jinete, tal vez esperando a su eterno dueño.
Me quedo con su lección al cacique Burt Jason, con su dignidad y manejo del equino hacia atrás para salir airoso mirando de frente, vigilante ante una patulea de indeseables. Con ese disparar dialéctico y seco, conciso en balas y rotundo, duro en su avatar. Manos desacompasadas y únicas que le hacían tan singular, desprendiendo respeto a raudales que ya se ganó a pulso en praderas de sol junto a cowboys trasnochados, siendo el mayor de los cuatro hijos de Katie Elder.

John Wayne es el símbolo de una nación, sin ser buen actor representa el estandarte de Ford, y eso lo dice todo. Es un pincel en manos de un genio que nos ha coloreado la propia historia del cine con la fuerza de su presencia.

En su despedida grita en silencio el requiem del último pistolero.

John Wayne es América,

Hasta siempre “Duke”. –

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