Invasión a la tierra.

Invasión a la tierra es una buena opción veraniega y nocturna para disfrutar de una cocacola XXL y un buen bol de palomitas sin mas pretensión que la de dos horas de acción trepidante. “Battle L.A.” Tiene la frescura de su jóven director de 34 años el sudafricano Jonathan Liebesman, que atisba su cinefília con guiños e intentos de conjugación: mezcolanza de Black Hawk Derribado, Independece Day, o la reciente e infumable Skyline. Igualmente hay un velado “deja vu” a grandes clásicos del western salvando mucho las distancias, como El Álamo o Los Comancheros, e incluso se hace referencia a John Wayne.

Nuestro John Wayne galáctico esta interpretado por Aaron Eckart, un actor no exento de calidad que está por encima de lo que requiere el personaje. Aaron Eckart es un actor que me recuerda mucho a Scott Bakula aunque éste último es algo superior en términos interpretativos.

Eckart es Michael Nantz un crepuscular marine, Sargento de pasado turbulento y mala fama que a punto de retirarse le llega la oportunidad de resarcirse debido a su casi forzada última misión. Lo que en principio parece una lluvia de extraños meteoritos que caen al mar, estos sugen de pronto del agua como humanoides mecánicos dispuestos a colonizar la zona de forma hostil. Al mando el teniente Martinez junto con Nantz y sus hombres que deberán enfrentarse a una desconocida fuerza invasora.

Invasión a la tierra tiene la dosis más que suficiente para entretener pero falla en la ejecución de su planteamiento. El nerviosismo de la cámara se traslada al espectador, que si bien se mantiene despierto acaba por fastidiarle que en ningún momento se vea con nitidez a los seres invasores, solo en la distancia, y más que un acierto innovador del director parece una carencia de presupuesto y con 70 millones es un insulto al público no ver la jeta del bicho, o verlo a lo lejos con la cámara al hombro y temblando hasta el apuntador. Este efecto o defecto hace que el espectador se incomode, primero es el realismo del humo que se puede llegar a entender, pero cuando desaparece éste las piezas dejan de encajar y se convierte en una coreografía de disparos y decisiones absurdas, como el casi humorísitco hecho de intentar escapar en un autobús. Como una ballena en un banco de peces pretenden pasar indemnes ante naves hipersofisticadas y alienígenas con muy mala uva. Esto del bus solo se ha hecho una vez en la historia del cine con solvencia y fue en 1977 con “Ruta suicida”, aquí se ha intentado imitar dicha acción con un resultado ridículo.

Menos mal que los actores son dignos, como el citado Eckart, Michelle Rodriguez y el descubrimiento de la peli: el actor Will Rothhaar. Lo demás acción pura y dura, sobredosis de casquillos, ráfagas, explosiones y destrucción.

Lo mejor: Que los buenos las pasan canutas

Lo peor: Que te pone de los nervios no ver con nitidez a los bichos.

Lo dicho, cine de verano. Coca-Cola, palomitas y tiros muchos tiros.

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