Un beso al cielo para Arturo.

Permítanme un paréntesis en este blog de cine para escribir sobre una importante secuencia en la película de mi vida.

Dijiste Adiós, y no lo creí. No es posible, recibí la tragedia como un azote. Un golpe injusto del que algunos llaman destino. Un maldito mediodía resbaló la vida a 2000 metros, la precaución de volver sobre tus pasos fue causante de la desgracia que jamás nadie creyó. La montaña te llevó, jóven, fuerte y eterno. Arturo, nombre rotundo, evoca el corazón noble que siempre tuviste.

Arturo siempre fue responsable, y su afecto nunca cambió. Sincera sonrisa en la antesala de su bienvenida, cada vez que nos veíamos siempre dos besos, algo que nunca varió en cada fin de año que nos reuníamos en torno a la mesa de nuestra tía.
Sin saber porqué el recuerdo me lleva a la infancia, 20 años atrás un momento concreto y recurrente. En la habitación hoy de nuestra prima jugando los dos a una guerra de cojines, saltando sobre el acolchado y viejo sofá que ya no existe y riendo sin parar. Son momentos de vida, sencillos y felices. Me quedo con ellos y con tu cariño.

La responsabilidad como algo innato fue la paradoja de un final tan inesperado como injusto, a los 26 años en su pasión sana de naturaleza y deporte. Arturo ayudaba a su familia, siempre dispuesto, tendiendo su mano, atendiendo a todos. Cuidando de sus mayores, dando su cariño, enseñando inglés a nuestra querida tía, arreglando el PC, y siempre regalando su sonrisa.
Inquieto, trabajador y siempre evolucionando durante un tiempo vivió en Londres, volvió para estar con los suyos, para desarrollar sus inquietudes, para estudiar más, para cantar y tocar la guitarra con su grupo Hortz, para subir a la la montaña que lo acercó todavía más al cielo.

Educado, divertido y atento, en cada reunión familiar después de las uvas nos regalaba su disfraz, disfraces disparatados compartía ese humor natural que para otros resultaría ridículo. Él lo hacía divertido y arrancaba las sonrisas de los presentes con su originalidad, desparecía en silencio discretamente para en unos momentos volver con su inesperado traje que podía ser de sevillana o de abeja Maya, el más reciente y entonces rompías lo que en ese momento se llevaba a cabo y nos centrábamos en el modelo que lucías diviertiéndonos a todos.

No tengo un último recuerdo especial, no lo quiero, siempre estarás presente ese es mi mejor recuerdo, el presente contínuo. Guardo para mi momentos que por alguna razón inexplicable vienen a mi cabeza algo aturdida y enrabietada por no haberte conocido mejor, pero la vida me ha regaldo tu presencia y solo cabe decir gracias por todo y por ser ejemplo de tanto. En estos momentos tan difíciles quiero acordarme especialmente de sus padres Gema y Juan Martín, su hermano Álvaro, de su abuela Teresa, de mi tía Yolanda, de mi tio Luis y de mis primos Julen y Allende, todo mi amor para ellos.
Y para Arturo este escrito, no sé si a modo de homenaje pero sí a modo de este corazón que se hace preguntas y que te siente como esa gran persona que fueste y que eres, porque creo en esa otra realidad de la existencia en la que ya te encuentras y seguro que con alas blancas, esas alas que te has ganado de ángel, un ángel al que conocí y tuve cerca. Un ángel que luce alas, fuerte, noble y bueno.

Un beso al cielo.

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