Deborah Kerr, en la playa de su adiós.

Despechada espuma del mar que agita mis sentimientos. Fuego de pelirroja en sus pasiones y rubia en su belleza, morena en los besos de una Escocia orgullosa de sus paisajes. Juntos descubrimos las minas del rey Salomón, ese que siempre persiguió los ojos fugitivos de su trono vacante. Fragilidad vaporosa de vestidos de lino, interrogante suspendido en suspiros romanos de jardines imposibles, para siempre Quo Vadis? Prisionero de Zenda en tu regazo protector de sueños dorados. Julio Cesar dudó al cruzar el Rubicón, en sus aguas vio tu rostro; y seguro pensó lo mismo que piensan los dioses del Olimpo de tu glamour. Deborah Kerr tan salvaje, tan natural, tan cerca, tan lejos… bésame, bésame para siempre y cuéntame al oído como era esa playa, esa playa de enamorados náufragos que amanecieron juntos para prometerse amor eterno… Empapados de la vida, de la arena de su abrazo, de la sal de sus besos. De aquí a la eternidad, para siempre Deborah Kerr.

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