Grupo salvaje.

Después de una noche de placer y algún que otro exceso, deciden enfilar su último camino, ese que les lleva a buscar a su amigo Ángel y encontrar el honor, ya no tienen nada que perder y comparten los últimos silencios de enorme comunicación. Ernst Borgine aguarda en el umbral de la puerta del pecado a su amigo Holden y a los dos hermanos de irritante relación y apasionante “ternura”, incómoda pero leal.

Preparan las armas compañeras siempre de viaje, en el magistral último “paseillo” de caminos polvorientos y miradas atónitas de ese ejército infinito de sus propios fantasmas del pasado, es la hora de enfrentarse a ellos, suena la canción que marca el epitafio glorioso de su próximo final, como cuatro jinetes del apocalipsis a pie doblan la esquina de la duda que se esfumó sobre sus pasos.

Venimos a por Ángel, silencio, muerte, disparo, pausa, risa de Ernest y acción. Cámara lenta del vacío que nos traslada el impresionante Peckinpah.

Señoras y señores bienvenidos al final más apoteósico y con más coraje de la historia del cine, “en este corral hay muchos huevos y yo no me lo pierdo”
Grupo salvaje para siempre.

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