La noche americana.

La noche americana es una celebración nostálgica de la alegría de hacer cine, la última de las artes comunales, “La noche americana” que todo estudiante de cine debe ver obligatoriamente al menos una vez en su vida. Es también, con seguridad, la película que le acompañará, por siempre, en los momentos dulces y amargos de su carrera tras las cámaras.
En “La noche americana” Truffaut rinde un sentimental tributo a la fábrica de sueños que fue el cine industrial de los años dorados. La filmación de “Les presento a Pamela” será la última que se lleve a cabo en los estudios de Niza, antiguo centro de la abundante producción fílmica francesa.(Como para no trabajar a gusto en la Costa Azul ) Los estudios serán demolidos y convertidos probablemente en complejos habitacionales o comerciales, despojados de su antiguo esplendor.
La filmación transcurre en medio de inumerables vicisitudes. Las estrellas de antaño ya no emiten el mismo fulgor. Los nuevos rostros, como el de Julie, quizás sean efímeros y no posean la fuerza suficiente para brillar por décadas, como sus antecesores. El equipo técnico y artístico tiene vidas más complejas y emocionantes que las de los personajes de la cinta que se está filmando.
¿Por qué entonces hacer cine? parece preguntarse Truffaut-Ferrand, duplicándose como director al frente y detrás de la cámara. ¿Se ha convertido el cine en una práctica mecanizada, sin la mística del pasado? ¿O es que acaso todo este andamiaje de mentiras que es el cine no posee algún significado?
Truffaut aborda al cine como una obsesión personal. Sus películas, hasta la ridícula “Pamela” del rodaje ficiticio de “La noche americana”, están impregnadas de sus sueños y pesadillas de infancia. El Ferrand-Truffaut que deambula por los estudios, resolviendo problemas del rodaje y de la vida personal de su equipo, es un director que vive para el cine. Welles, Hitchcock, Renoir y sus demás héroes están allí, junto a él, en todo momento.
¿Debe ser el cine una misión de vida para el director? Para Truffaut no parece haber otra respuesta más que “por supuesto”. El cine es una mentira necesaria, como el efecto de la “noche americana”, creado por los directores para hacer más amable la áspera realidad de sus espectadores.
Así como se filma sustituyendo la noche por el día, las películas sustituyen los momentos de vida intrascendentes y los convierten en recuerdos gloriosos.
Cinta maravillosa e irrepetible, “La noche americana” ha acompañado los recuerdos de millones de cinéfilos en todo el mundo. Gracias a directores como François Truffaut y a películas como “La noche americana” hay por allí, en algún rincón de este planeta, un adolescente que sueña con el cine y que algún día llegará a filmar una película, de esas que se quedan para siempre en nuestro corazón…

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