American Psycho.

Christian Bale sublime encarnando al yuppie Patrick Bateman, frío, egocéntrico y complejo personaje, carente de sentimientos y sumido en una enfermiza ambición que le corroe a dentelladas, convertido en un animal orgásmico de envidia y psicosis. Impresionante el monólogo que establece al llegar a su casa, una casa luminosa y nuevamente fria, sin sensación del concepto hogar.

Las escenas de violencia, pese a toda la sangre, así como las de sexo, están rodadas con muchísima sobriedad y estilo, de nuevo representativos del mero divertimento, sin ningun recargo moral, sino más bien como exaltación egocentrista de Bateman, que para él representa este truculento ritual. Estas secuencias, pese a que no muestran en sí nada, resultan extremadamente duras, pues no es lo que se ve sino lo que se está diciendo lo que tiene mayor impacto sobre el espectador. Muchas escenas son espectaculares, yo me quedo principalmente con dos, el momento en el que comparan tarjetas de presentación, y el acto sexual de Bateman con dos prostitutas a ritmo de “sussudio” y mirándose al espejo como única exhibición.

Para encarnar este complejísimo personaje, lejos del bochorno que se imagina uno si la elección final hubiera sido Leonardo DiCaprio, Christian Bale está soberbio, si la película fuera más complaciente para todos los sectores del público, yo diría que de Oscar. Pero el espléndido actor, una vez superado su paso a la edad adulta, ha preferido levantar ampollas a cambio de los encantos de este psicópata brutal a la vez que vulnerable, en cierta manera víctima de la superficialidad de su entorno. Bale transmite todos los matices de una mente compleja en una simple expresión facial: ambición, locura, compasión y también ternura… prácticamente todos los registros son abarcados por este personaje bombón. Además, es loable su trabajo físico, pues también requería explotar todo su atractivo para resultar todavía más turbador. Un aspecto inmejorable una estética general perfecta que refleja a conciencia la estética de los 80 y el pijerío de los jóvenes ejecutivos en alza (yuppies) tan de moda en aquella época y tan novedoso entonces. La música, el look, la ropa… simplemente perfecto. En definitiva, hay que verla dos veces por lo menos. Digna de análisis.

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