En busca de Zorba el griego.


En Agosto de 2009 viajé a la isla de Creta (Grecia) quedé maravillado y todavía estoy con el pensamiento anclado en la belleza cretense, en su misterioso pasado, en sus increibles playas, en la dureza de su historia. Pude vivir muchos escenarios diferentes: Ocio en estado puro, la huella de la II Guerra Mundial, el magnetismo del pasado heleno, las piedras del ayer, y por supuesto cine, el cine de la playa de Stavros.

Llegué a la Península de Akrotiri en un Kia Rio de alquiler, preguntando aquí y allá, ya que las indicaciones brillan por su ausencia, por no hablar de la conducción cretense… resumiendo mucho diré que literalmente te tienes que tirar al arcén para que pase el que viene detrás, los adelantamientos en línea contínua son frecuentes y lamentablemente cada curva tiene el homenaje póstumo de la desgracia en forma de casita y flores.

Después de encontrar el camino que me llevaba a Stavros (Pronunciado en griego “Stavrós”) y preguntando en inglés (casi todo el mundo lo habla) llegué a mi destino. No es la mejor playa de Creta ni mucho menos, si la comparamos con la de Bahía de Balos o Elafonissi (De lo mejor que he visto en mi vida) pero si que tiene su encanto (Y más para un amante del cine como yo). Una gran mole pétrea domina el mar, es una playa muy pequeña y tranquila, allí esta la verdadera taberna de Zorba, muchas de las guías la anuncian, en principio puede resultar decepcionante si lo que pretendemos encontrar es un establecimiento confortable, moderno y limpio. Es auténtico, familiar, muy barato y sobre todo muy humilde y sencillo, una familia griega regenta el pequeño local, son amables y hospitalarios. El techo de la terraza esta cubierto de uvas y accediendo al interior nos encontramos una pared decorada con simples fotocopias plastificadas que nos recuerdan los días pasados en el que Anthony Quinn recorría las calles del pueblo entre rodaje y rodaje. Contando que el escritor Nikos Kazantzakis es cretense (Heraklion) el director estimó oportuno ceder el Oscar al pueblo de Stavros y aunque estuvo expuesto en la taberna que hoy nos ocupa, según me dijo la dueña hace ya 10 años que se llevaron la estatuilla del bar… una pena y mi gozo en un pozo como se suele decir… pero sin duda la visita merece la pena. Es curioso como al sentarme en la terraza y ver la lista de precios todas las cervezas (estés donde estés) cuestan 2 euros, al igual que el café (Pidan expresso y añadanle leche, no hagan experimentos) sin embargo la comida es bastante barata, pude comprobar como un plato de acelgas costaba en la taberna de Zorba ¡1 euro!. En cuanto al W.C. sin comentarios, en la parte trasera del bar una choza de madera hace las funciones de servicio.
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El momento más esperado es la fotografía que todos recordamos del baile de Quinn en la playa de Stavros, inmortalicé dicho momento y me llevé una grata y contradictoria sorpresa al ver la dificultad del acceso a dicha playa debido a la cantidad de restos ruinosos de la zona, tienen cierto atractivo, lástima que no pude saber a qué época pertencecían, se veían restos de estructuras, columnas y demás edificaciones bañadas por la marea azul que las aguas del Egeo acarician.

Un día inolvidable para disfrutar del sol, del recuerdo y del cine en estado puro, después vino el plácido baño flotante, y digo flotante porque uno relajadamente flota debido al salitre que contienen sus aguas.






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