Romy Schneider.

Bella y trágica, triste lágrima de una culpa que nunca tuvo; desgracia de perfección eterna. Creí aspirar a ser tu amante por un día, envidia de una sangre azul que nunca tuve pero teñí para ti, para estar a tu lado por siempre. Austria en la mirada parisina de un amor mutuo. La niña del capricho en el tirabuzón de una sonrisa pasajera, regalaste ilusiones y entregaste felicidad a los demás, que por dar tanto te llegó el vacío de tu cálido regazo. Princesa del cine, romántica del esplendor imperial en la estética recargada de vestidos de muñeca. Mundo de cristal hecho añicos en el humo de la evasión y el alcohol del falso olvido. Testimonio de mujer atormentada en tu último fotograma. Infeliz en un cuento de hadas demasiado cotidiano.
La corona de Sissi nos hizo soñar con castillos imposibles y carrozas de finos corceles que pasaban por cualquier calle de nuestro barrio para rescatarnos de la rutina. Contigo las mujeres fueron niñas y las niñas mujeres, pero todas princesas.
Rescátame y vuelve, vuelve para reinar en el mundo de nuestros sueños imposibles.

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