Steve McQueen, el carácter de la ambición.

Steve McQueen eterno gesto espontaneo dominador del tiempo, agujas de un reloj que dejó de funcionar cuando nos abandonó cruzando las alambradas del destino. Aquel que sobre la moto de grandes evasiones se detuvo en un cruce de caminos entornando la mirada molestada por el sol, con su guante de baseball sostiene la bola de la vida que golpea una y otra vez contra la pared del silencio, encerrado en la nevera del exceso tenaz, de vidas aceleradas en cada pisotón de su ford mustang. Emprende la huida hacia el sur de bancos robados de amor, a su lado su perdición McGraw y él mismo, ninguna droga fue tan dura. Hombre fuera de su tiempo, uno de los siete magníficos, quizá el mas grande bajo la atenta mirada del bueno de Brynner, eclipsado por el descaro de un rubito de apellido escocés. Rey del juego por un dia predestinado al fracaso de un perdedor en racha, reflejo del espejo de un apartamento soltero de cafés sin filtro, resaca del whisky en partidas de pocker la noche pasada. Y al bajarse de un coche mal aparcado, nos mira diciendo que siempre estará vivo dentro de nuestros corazónes mientras suena una melodía de Lalo Schifrin.
(Viernes, 15 de Diciembre de 2006)

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