El origen del Belén.

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La primera representación del nacimiento del niño Jesús fue en el año 1223 cuando San Francisco de Asís decidió conmemorar el divino alumbramiento. El lugar elegido fue una cueva de la pequeña población de Greccio (Italia). San Francisco quiso representar la extrema sencillez y la pobreza del momento recordando a San Lucas 2,7 cuando escribe acerca del pesebre. Para ello decidió escenificar al niño sobre heno entre un buey y una mula como dictan los evangelios apócrifos de los profetas Isaías y Habacuc, haciendo nuestra esta bonita tradición de ambas bestias que hemos extraído entre líneas no del todo concretas.

Cada vez que veamos un bonito Belén recordaremos la tradición espontánea que sin querer fundó el de Asís. Sin lugar a dudas la representación del nacimiento es una preciosa tradición que tiene su origen en un hombre apasionante tanto en su vida como en su ejemplo de extremo sacrificio, San Francisco de Asís.

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El cuarto rey mago.

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La primera vez que aparecieron los reyes magos en el cine fue en la película francesa de 1903 titulada: “La Vie et la passion de Jésus-Christ” a partir del minuto cuatro Melchor, Gaspar y Baltasar hacen acto de presencia. Aunque la película es del año 1903 posteriormente se fueron añadiendo capítulos, dos años después en 1905 y terminando definitivamente en 1907. Ir añadiendo metraje era algo habitual en aquella época.

Los reyes magos, tal como los conocemos actualmente, son una tradición bastante posterior a la de las sagradas escrituras. En la Biblia no se hace mención a reyes magos, ni a que eran tres ni a sus nombres. Mateo si que nos habla de unos magos de oriente y una estrella: “Nacido pues Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle.” En otro pasaje más adelante hablan de las ofrendas consabidas oro, incienso y mirra, y de un elemento que inicia la adoración y que habitualmente se pasa por alto, no apareciendo en todas las traducciones: el hinojo. (San Mateo 2,11) Lo que es cierto es que el pasaje bíblico no hace mención a reyes, si a magos pero debido a la traducción griega del hebreo, dice magos, sin embargo la versión hebraica escribe Jajamim, que significa “hombres sabios”. Estos hombres sabios procedentes de Babilonia pudieran ser estudiosos de la Torá, formando parte de una comunidad de judíos que habitaban aquellas tierras y, por ende, sabios que buscaban al Mesías según la profecía.
Los tres reyes magos son, por lo tanto, una tradición medieval que culturalmente hemos incluido y la hemos hecho nuestra. La primera referencia de los tres Reyes Magos como Melchor, Gaspar y Baltasar la encontramos en un mosaico de Ravena -Italia- año 520 aproximadamente en la Iglesia San Apolinar el Nuevo. A partir de ahí la tradición. Pero hubo un cuarto rey mago: Artabán, el rey perdido al que hizo referencia el escritor presbiteriano Henry Van Dicke, el autor escribió un cuento muy bonito titulado “The other wise man” recogiendo la leyenda del cuarto rey mago.

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Artabán acudía a su punto de encuentro con los otros tres conocidos magos. El lugar era el zigurat de Borsippa (Al sur de Bagdad) una enorme torre de siete pisos en el que habían quedado para iniciar el largo viaje. El cuarto sabio portaba diamantes y piedras preciosas para el recién nacido hijo de Dios. Sin embargo por el camino se paró para ayudar y curar las heridas de un anciano que había sido asaltado, después de curarlo le dio uno de sus diamantes para que tuviera sustento. Esto le hizo demorarse y al llegar al zigurat los tres compañeros ya habían partido. Prosiguió su camino en solitario y fue testigo de la matanza que Herodes había ordenado sobre los pobres niños recién nacidos, Artabán a cambio de piedras preciosas pudo salvar la vida de alguno de estos bebés, pero otros soldados al verlo lo apresaron y encerraron durante largo tiempo. Pasaron los años y siempre fue buscando a Jesús sin hallarlo, errante con sus bienes casi agotados de ayudar a todo aquel que se encontraba, por fin dio con Cristo pero no pudo llegar hasta él, era demasiado tarde, lo estaban crucificando. Con una última ofrenda que le queda, un pedazo de jaspe, compra la vida de una pobre chica que está siendo subastada debido a las deudas del padre. Ya no le queda nada y están clavando a Jesús en la cruz, de pronto y entre lágrimas un enorme temblor se siente en el Gólgota, una piedra se desprende y cae sobre el ya anciano Artabán, agonizando escucha la voz de Jesucristo que le dice: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Desorientado y exhausto pregunta: “¿Cuándo hice yo esas cosas?”, y con la misma expiración recibe la respuesta: “Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí, hoy me acompañarás en el Reino de los Cielos”.

Esta es la preciosa y poco conocida leyenda de Artabán, el cuarto rey mago.

Padre coraje

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La audiencia provincial de Cádiz ha archivado el caso de Juan Holgado, el joven asesinado a cuchilladas en 1995 en una gasolinera de Jerez. Su padre “El padre coraje” se infiltró en los bajos fondos para desenmascarar a los asesinos de su hijo, y consiguió pruebas que sin embargo no fueron definitivas. El presunto asesino “El gata”, un delincuente común murió en la cárcel, sin embargo quedan otros sospechosos sin juzgar que participaron en los hechos de aquel 22 de noviembre del 95. Francisco Holgado, El padre coraje, a sus 74 años se mantiene en forma y no va a descansar hasta que se haga justicia, los asesinatos no deben prescribir por cuestiones temporales. En 2002 se estrenó una miniserie protagonizada por el actor Juan Diego realizando un excelente trabajo. He querido acudir al lugar para apoyar la causa de un padre que lucha para que se haga justicia.

Las Cobijadas

Las Cobijadas eran mujeres enlutadas que tan solo dejaban al descubierto su ojo izquierdo, el uso de esta prenda estuvo muy arraigado en Vejer de la Frontera desde el Siglo XVI hasta 1930. Se recuperó a partir de 1976 como traje regional y en fiestas patronales. Su origen es castellano, el manto de sarga batavia y lana merina negra, con un forro de tafetán de seda; la saya de raso. El negro sobre las casas blancas marcan el caminar intrigante de la Cobijada. Encontrarte una comitiva de cobijadas en un callejón, observándote con un solo ojo punzante, es sentenciar tu porvenir a una calle sin salida.
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El Farina de la Isla

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He tenido un encuentro con “El Farina de la Isla” el cantaor más antiguo del lugar y nada mejor que ante Camarón una foto para recordar. Hoy cumple 88 años José Sebastián Rodríguez “El Farina”, me dice en voz baja que echa de menos a su guitarra Antonio Menéndez Capinetti, pues acaricia en el cielo los bordes de los los más bellos acordes. Pepe esgrime con orgullo una revista de cante en la que aparece en su titular, y me recuerda una letra que recita de forma peculiar: “En la puerta de una iglesia un chiquillo lloraba, tengo hambre, tengo frío, levántate madre mía que no tengo calor de nadie”. Felicidades Farina de la Isla.

El Deán del Nani.

B3EEEDE7-5977-4E1B-BDA1-273605633882En San Fernando hubo una ‘Primera de la Isla’ pero también una última, la bodega de “El Deán” el último rincón del costumbrismo andaluz.

Caminando por la calle Real doblo la esquina del freidor para enfilar la vía del Almirante Cervera, el piso te pone firme con la solemnidad que requiere el llegar a un lugar histórico. Dos puertas te saludan en silencio, tras dar tres golpes de santo y seña un protocolo de obligada espera te mantiene en tensión, por fin se abre la puerta. Dar ese paso significa traspasar el umbral entre dos mundos, el nuestro y el del Nani. Un patio soleado te saluda en flor, los sentidos se agudizan cuando te adentras en el claroscuro bodeguero de escenas dignas del romanticismo tardío español. El mundo del Nani es un cuadro de Manuel Cabral Aguado-Bejarano, una pintura de Murillo o una escena de taberna de Ángel Maria Cortellini.

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En el Deán no hay ley seca y solo está prohibido exclamar ¡No más vino! Porque el último que lo dijo se fue y no volvió jamás, su improperio lo marcó para siempre y lo desterró al reino de la sequedad del agua. La única ley no escrita es la del honor y respeto a Don Laureano Rubín de Celis Cosío, monarca del amontillado, fino y moscatel, Nani para los amigos o para los que logran llegar hasta él. Rubín de Celis aguarda tranquilo y vigilante, sentado sobre un trono de madera de cuba y apoyado en el báculo de su mirada franca y azul te da la bienvenida con un leve gesto. Su salón del trono es una estancia rodeada de barriles, fotografías de antaño y carteles taurinos. Junto a él los suyos: “Don Tito”, Don Fernando, Don Pedro el Albañil, el Sr. Capineti, Don Ricardo Olmedo y mi guía y profesor Don Rafael Reyes Rafoso. Presento mis respetos con un caldo de mi tierra, tinto Inurrieta Cuatrocientos y un aperitivo de langostinos y cañaíllas que Don Rafael ha traído para degustar únicamente junto a la mejor compañía. 

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El Nani descorcha mi botella como muestra de afecto, hablamos de vinos y grados y me regala un sorbo de su moscatel ¡Qué decir ante tan sublime néctar! El sabor que regala en mi paladar es el masticar de uva blanca recién cortada al rocío de la mañana. Siento el precipitar de tal jugo en mi garganta con el éxtasis de quien admira antes de morir un paisaje de viñedos en la ladera de un acantilado junto al mar, cada trago es volver a ese instante, cada trago es caer al vacío para volver a emerger. 

Sobre la mesa la conversación fluye recordando a los que ya no están o a los pocos buenos que siguen entre nosotros, nombres y apellidos surgen entre admiración y nostalgia, otros tiempos y otras copas que allí mismo compartieron y arraigaron para siempre. Para beber en el Deán hay unas normas, un ritual casi iniciático. Dos vasijas de barro y cerámica aguardan ansiosas la señal del Nani y su aprobación para ser llenadas de uno u otro barril, no cualquiera sino el indicado. Bajo esa premisa se rebosa la jarra y se retorna a la mesa para proseguir con la conversación adecuada, se bebe en compañía, se habla con el corazón y se embriaga el alma entre recuerdos de finos y amontillados. 

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Me despierta de ese sueño Doña Natividad, señora del Nani, ella me enseña los rincones más representativos de la casa. El Deán no abre al público, es un lugar íntimo que se conserva gracias al cariño familiar. En otra estancia unos ajos penden de una viga rodeada de cubas y carteles de faenas olvidadas y toreros muertos, un gran Cristo preside la pared junto a la imagen perpetua de Camarón de la Isla y en un rincón oscuro una rendija de luz incide sobre una guitarra española que reposa sentada en una silla gitana. La guitarra está triste y quiere volver a ser tocada para arrancar notas de amor y tiempos mejores de fiestas navideñas. Nati acciona uno de los viejos interruptores y su sonrisa ilumina la habitación, la guitarra también parece sonreír de nuevo aunque siga muda. Volvemos a la vera del Nani y me despido con un apretón de manos tan fuerte como sincero. Me voy con la promesa de volver, con el corazón amontillao y el brillo en mis ojos del que nunca quiere marcharse de allí. ¡Qué tendrá el Deán, que tendrá el Deán que todos que se fueron saben que volverán!

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Los miedos de Lou Reed

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”Tengo miedo hasta en mi casa, yo vivo asustado todo el día y no necesariamente por Nueva York, la verdad es que estoy bastante cómodo aquí, me da miedo Suecia porque está muy vacío van todos borrachos y todo funciona. Te paras en un semáforo y no apagas el motor y la gente se te acerca y te regaña, vas a un botiquín lo abres y ves un cartelito que pone ‘En caso de suicidio llamar a…’ enciendes la tele y hay una operación de orejas…eso me asusta, Nueva York no.”

(Lou Reed, -Blue in the face- Película filmada con estilo de documental, interpretaciones improvisadas y diálogos sin previo guión)