James Dean

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Abrigado… con las manos en los bolsillos, un pitillo sin filtro apenas humeante apagado por el frío de la mañana, vapor que supera al Lucky Strike del tiempo. Suerte que dejó de acompañar aquella mirada de cabeza agachada y miopes ojos entornados para ajustar mejor la visión tímida de su arrancada y eterna juventud.

Al este del edén se encuentra un rebelde sin causa, gigante actor en tan poco tiempo, nunca nadie más fue promesa y veteranía a la vez, solo tú, James; un chico de peinado desenfadado y melancólico semblante, ojos tierra de caminos al sur de Texas, recostado en un Jeep con sombrero de perfiles soñados.

Pequeño bastardo gris color tragedia, Porsche descapotable de ilusiones hechas añicos. Y en el cruce de tu vida un joven apresurado chocó en tu última escena, esa que no queremos recordar, accidente que te llevó para desaparecer…

Pero siempre vuelves Dean, en cada fría mañana de tibios corazones.

La máquina de hacer sueños.

Cosas que me regalan en Granada. Gracias de corazón Victoria Ponce.

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Plaza Ochavada

Plaza Ochavada

*Foto de la mágica madrugada de aquel reciente 11 de agosto de 2016 en la Plaza Ochavada de Archidona. Dejo aquí la carta que me escribió el gran Alejandro Sánchez del Olmo, mi amigo. Gracias por tus letras, me hiciste llorar.

Carta a Mikel

Han pasado ya diez años desde que nació “La otra mirada”, pero parece que fue ayer. El destino tiene una cita con cada uno de nosotros, y jamás pide permiso para colarse en nuestras vidas con aquello que ha de ser y ocurrir, pues, te guste o no, esas son las aguas inciertas donde navegan nuestras vidas. Esta semana he recibido una de esas llamadas que rompen la baraja por la mitad; “Alex soy Mikel Navarro amigo. Mira que esta noche me voy a tu pueblo a cenar contigo…”. ¡Oh Dioses! grité en un alarido de alegría. Aquella voz que durante tantos años formó parte de infinitas noches de radio y con la que nos unió la comunión radiofónica en mil historias, llegaba a cenar de forma inesperada como un mensaje en una botella al mar, para darle el más fuerte de los abrazos…
Mikel es uno de esos tipos cuya personalidad y forma de entender la vida marcan la diferencia. Y no sólo por ser ese “chicarrón del norte”, navarro hasta el apellido, también lo digo por ser un incansable viajero, que no pierde la ocasión ni la sonrisa, en la búsqueda en cada rincón de este mundo de historias por ser vividas y contadas, como él sólo sabe hacer. Su mirada se esconde tras el cristal de unas gafas, pero su instinto es infalible, natural y salvaje como una pantera que mira tras la frondosidad de la selva. Su forma de ser no es el reclamo de una firma comercial, es auténtica y punto, y que “salga el Sol por Anterquera”.

La palabra que mejor le define es “autenticidad”. La carrera de este pamplonica no empieza con el “Chupinazo” llegado el mes de Julio, para él, cada día es una carrera personal entre las astas de lo incierto. Seguro que muchos de vosotros conoceréis a Mikel por su pasión al mundo del cine. Sus mundos y experiencias van de la mano. Ahora os pregunto, ¿quién de vosotros se va a la búsqueda de la tumba de Yul Brynner para presentarle sus respetos y dejarle como sello personal un sombrero negro tributo a “Los siete magníficos”? Mikel lo ha hecho, pero lo siente como una aventura más, ahora yo digo; “Pasen y vean señores…”.
Aún recuerdo aquella inolvidable noche en la que nos contó la historia del Capitán Walker, y como eso de la “casualidad”, (de la cual no creemos ni él ni yo), quiso que encontrase la tumba de este aviador y la increíble historia que hubo detrás. Mikel es un comunicador nato. No necesita florituras ni pose, para que con palabras sencillas pudiéramos escuchar el sonido de las ametralladoras abriendo fuego en las playas de Normandía, en otra de sus incontables escapadas.
Su generosidad me llevó a poder contactar con dos grandes hombres del periodismo en México, D. Jesús Salcedo y D. Jorge Tenorio con el que pude hacer programas de la talla del “Cuatro Vientos” y llevar a la radio aquellas noches oscuras en la investigación que realicé sobre “Ciudad Juárez”. ¡Cuánto te debo amigo!.
Termino estas líneas abrumado entre recuerdos de radio, y no disimulo que alguna lágrima ha cruzado mi mirada frente a este monitor. Hay personas que son diferentes y Mikel es una de ellas. Ahora entiendo a Ernest Hemingway es esa foto en blanco y negro en el tendido de sombra de la Plaza de Toros de Pamplona, Mikel hubiese estado a su lado seguro, o por lo menos le hubiese entrevistado tomando un vermut. Yo me quedo con lo auténtico, con ese Mikel que me leyó en la Plaza Ochavada (la de Archidona de Cela, sí, la del Cipote), su teoría de porqué y como se ha de comer la aceituna atravesada por el palillo “de las incertidumbres de nuestra vida”. Chapeau! Amigo.

Y es que sólo junto a él puedes terminar en casa del famoso escultor Jesús Martínez Labrador, tomando cervezas junto a dos gatos, una tira trampa llena de moscas y la voz de D. Antonio Gamoneda en una locución de altura… ah! y escogiendo dibujos que le regaló el maestro.
Hoy mi “silencio de radio” es una mirada perdida al mar, como el de la película “Náufrago”. Algo como una voz interior es mi pensamiento, en un fotograma final que decía; “Cuando creí que todo estaba perdido, un día la corriente me trajo las velas para escapar de esta isla. Nunca sabes lo que la vida puede traer un día con la corriente…”
Gracias Mikel, por ser parte de esta historia.

Respeten lo sagrado.

Siempre he respetado a las personas, hombre o mujer y más si cabe a esta última. La figura femenina es lo más sagrado de la vida porque precisamente es la que la da. Una madre es sagrada. Me gusta la mujer en su sentido más profundo, más complejo y más completo. Cuando hay dolor en un hombre, un dolor extremo es la figura de la madre la que aparece en último término.
Un hecho que ocurre en todas las guerras es que la mayor parte de los jóvenes heridos de muerte recuerdan a sus madres poco antes de fallecer. Pero efectivamente los últimos acontecimientos me hacen reflexionar, ¿Hacia dónde vamos? Vivimos en una sociedad acelerada, deshumanizada y con falta de emoción y sensibilidad. Una sociedad en la que la sexualidad esta mercantilizada, sobreestimulada (solo hay navegar en Internet para comprobar que continuamente nos invaden con estímulos pornográficos) Tanta estimulación visual se convierte en cotidiana y por tanto en algo rutinario, y creo que ello se vuelve peligroso cuando hay una mala base educacional, educativa y afectiva. Y a todo ello añádele que, como decía el gran Stanley Kubrick: “El ser humano tiene un principio de maldad”, y hay personas malas, ciertamente. Todo ello es una reflexión que ha surgido de una conversación con una gran mujer y amiga a la que admiro llamada Patricia Ubago. Lo dicho: Respeten lo sagrado.
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Bud Spencer, el héroe de Bagnoli

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Recuerdo mis largas conversaciones con Roberta Ciccarelli en las calurosas noches napolitanas, sentados en un banco de la armoniosa Piazza Bellini, charla veraniega siempre a la luz de una cerveza Peroni con el sonido callejero de música de fondo. Roberta y sus amigas siempre divertidas, y nosotros con nuestras bromas y frases hechas previas a un gran brindis: “Birra bionda e ragazza mora”. Tampoco podía faltar un “Daiquiri alla fragola” con la amiga Giorgia Seghetti … En fin, noches para el recuerdo. En una de aquellas conversaciones surgió el gran Carlo Pedersoli (Bud Spencer) nacido en Nápoles, precisamente en el mismo barrio de mi querida amiga Roberta, el barrio obrero de Bagnoli. Ella me explicó el significado de crecer en Bagnoli, lo orgullosa que se sentía al ser de dicho lugar. Antaño productivo, con sus fábricas de acero y su digno estilo de vida familiar basada en el esfuerzo colectivo. Hoy en día las estructuras abandonadas hablan de un pasado mejor. Fábricas cerradas junto al mar que nos traslada el murmullo de una historia de lucha y coraje, de manifestaciones y disturbios, de esfuerzo y corazón. Lo que siempre representó nuestro Bud Spencer, superación sin ayuda alguna y la eterna lucha del bien contra el mal desde la pura nobleza.

La familia Pedersoli tuvo que emigrar a Sudamérica y Carlo dejó de estudiar Ciencias Químicas, pero más adelante volvió, porque siempre supo de dónde era y cuáles eran sus raíces. Pedersoli volvió para competir, sobresalía en natación de forma arrolladora, y lo demostró lanzándose a las aguas de Bagnoli para nadar junto a un pueblo que siempre tuvo que remar a contracorriente. Comenzó a destacar de forma notoria, fue fichado por el S.S. Lazio y logró ser campeón de Italia de estilo libre en siete ocasiones, e incluso se clasificó para tres Olimpiadas (Melbourne 1952, Helsinki 1956 y Roma 1960) a su vuelta probó con el cine, un pasatiempo que siempre fue su predilección, ya había participado como extra en “Quo Vadis?” (1950) apareciendo como estático guardia pretoriano.

Ya le tocaba probar suerte en algún papel con cierto protagonismo y le llegó el momento en 1967 en la peli “Tu perdonas…yo no” en donde por casualidad conoció al que sería su compañero y amigo inseparable: Terence Hill. Como Bagnoli Bud Spencer supo reinventarse a sí mismo, adoptó el nombre de su cerveza favorita (Budweisser) y su actor predilecto (Spencer Tracy) para crear una de las mejores fusiones nominales que jamás haya conocido. Y a partir de ahí la leyenda: Bud Spencer y Terence Hill. Junto a Terence Hill fueron los renovadores absolutos de la comedia en un momento, los años 70, en que el género parecía enquistado. Realizando un cine para niños y mayores. Su talento y frescura provocó en su día toda una revolución en el mundo del celuloide, algo que el tiempo se está ocupando de colocar en su sitio, dos leyendas de un tipo de hacer cine único y genuino.

La frescura de Terence, su picaresca y la ternura del bruto de Bud los hicieron la pareja preferida de varias generaciones. Recuerdo a mi tío Javier gran fan de ambos, a mi padre  que me trasladó su entusiasmo, aquellas películas los domingos en la Agrupación Deportiva después de misa o del fútbol en Noáin. Era nuestro particular Cinema Paradiso, tanto es así que también vibró mi hijo Amets con su magia, muchos años después y con la cara de Bud en su divertida camiseta verde.

Y qué decir que su “violencia” fue siempre algo inocente y divertida, en la que jamás se vio sangre ni crudeza visual, a todos nos llama la atención que sea tan querido por los niños, esa conexión siempre existió, son como “peleas de broma contra los malos”. Incluso Bud Spencer forma parte ya del el propio desarrollo de nuestro país, una España que aparece en construcción en películas rodadas en Madrid. El actor y nuestro país…siempre hubo una gran conexión.

El talento de Bud fue tan brutal como sus tortas: Empresario, político, filántropo, políglota, piloto de helicóptero, músico… y actor, aunque nunca se consideró como tal.

¡Ay Bud! nos has dejado. Hoy lloramos por ti amigo…¡ Puños fuera! Por Banana Joe, por Bombardero, Bulldozer, por volver a hacernos sentir niños para siempre Corsario, Superpoli…Ahora sí que estas donde quieres estar, con los hipopótamos en la charca diciendo: Más fuerte muchachos y si no…nos enfadamos.

Hasta siempre grandullón. ¿Nos apostamos el buggy rojo a salchichas y cerveza?

El caso Fritz Bauer

El caso Fritz Bauer

Recientemente se ha estrenado “El caso Fritz Bauer”, película alemana que nos narra la investigación del Fiscal General Fritz Bauer en su búsqueda del nazi huido Adolf Eichmann, Teniente Coronel de las SS. El filme nos acerca de forma fidedigna a unos hechos reales que acontecieron en 1957, con una trama perfectamente elaborada a través de su protagonista, el actor Burghart Klaussner, que nos adentra en una apasionante investigación de la que el espectador será partícipe. Soledad, traición, miedo, coraje…Conceptos que Klaussner nos transmite de forma magistral empatizando con su personaje, el Señor Bauer, un hombre solitario que no cejará hasta dar con el fugitivo oficial alemán.

El cine bávaro goza de una gran forma y así nos lo hace saber el director de “Der staat gegen Fritz Bauer” (Título original) Lars Kraume, que recupera la esencia del cine negro apoyándose en su guion (junto a Olivier Guez) para elaborar una historia que ya nos han contado, pero que ya no recordábamos. La película nos muestra una atmósfera en tonos ocres y planos en movimiento, de cuidada ambientación y vestuario a la que acompañan respuestas en silencio, miradas que callan, copas de brandy y humo por doquier. Bauer es culpable de buscar sin descanso un criminal que huye a Oriente Medio con la venda en los ojos del pueblo alemán, representado por un gobierno, que mira hacia otro lado.

Por momentos es un callejón sin salida con muchas puertas que hay que forzar. Junto a nuestro protagonista un joven íntegro y un chofer leal. El buen ritmo de la cinta es acompañado por una acertadísima banda sonora a cargo de Christoph M. Kaiser y Julian Maas, que nos hará la búsqueda más trepidante. La cinta ha sido galardonada con el premio del público del Festival de Locarno y ha obtenido 9 nominaciones en los Premios del cine alemán, incluyendo mejor película y mejor director.

A Bauer le interesa la caza, pero no la de animales, tiene un pasado del que habla a medias, una mujer en Copenhague y unos calcetines nuevos. Los verdaderos patriotas enfrentan a su pueblo con la verdad de su propia historia, ese es el anhelo del justo Bauer. Después del caso Eichmann, la justicia llegaría, no sin mucho sudor, cuando por fin se pudo llevar ante los tribunales a los responsables del Campo de exterminio de Auschwitz; hechos que veríamos reflejados en la reciente película, también alemana, “La Conspiración del silencio” del director Giulio Ricciarelli. Un film que nos cuenta cómo, por primera vez en la historia, un país juzgaría a sus propios criminales de guerra veinte años después de que los aliados lo hicieran en Núremberg.

Y es que un pueblo debe hacer frente a su historia, así lo dice el viento silbante de la Democracia, lástima que algunos no lo quieran escuchar o no quieran remover la verdad.

La noche del Floridita.

Hace un año que falleció el gran Johnny Polanco en su casa de Los Ángeles mientras dormía, un ataque al corazón acabó con su vida porque ya no le cabía en el pecho, dicen que salió para cantar por encima de todas las notas.Polanco

Tuve el honor de conocer a Johnny aquella noche del Floridita, en 2013, cuando me aventuré a caminar bajo las estrellas angelinas. Saliendo de mi casa de La Mirada Ave subiendo por la carretera de Santa Mónica, de Wilton a Vine con Hollywood, girando primero a mano derecha y después a la izquierda para seguir girando para siempre gracias al ritmo del Floridita Night Club. Allí me esperaba el arte de otro gran músico, Manny Silvera, que me aguardaba en la puerta con su tocado colorido y su sonrisa canalla, “Ahí llega el español” -dijo al verme-. Tenía la sencillez de un grande, y formaba parte del grupo de “Johnny Polanco y su conjunto amistad”. Músico de Carlos Santana entre otros. La conversación comenzó recordando sus giras por Madrid, Barcelona, New York o Miami… para seguir recordando a los mejores: El citado Santana, Rubén Blades o el propio Artie Webb (Abajo en el centro de la foto) con el que me tomé una copa, el mejor flautista de Latin Jazz del mundo, me dijo alguien que sabe de verdad.
Artie Webb
Me temblaron las piernas cuando hablaban de la noche anterior, de cómo Al Pacino se movía al son del Floridita. Silvera apuntaba más: “Fui a fumar un cigarrillo al callejón de la trasera del Restaurant, cuando una sombra surgió al fondo y una voz ronca rugió: “Hey man, you got a lighter? se acercó, era Al Pacino que pedía fuego para fumarse un porro de María. “Thanks Bro, lo estoy dejando”. Mientras, sonaba de fondo la salsa eterna del Club. Así me lo contaba el propio Silvera.
Adentrarte en el Floridita es ver a clebrities entre movimientos de cadera y copas de Martini, cerveza y vino tinto. Aún recuerdo la cerveza y su precio… “This is Hollywood” me espetó el camarero al ver mi gesto de sorpresa debido al importe. Sonreí y repetí “This is Hollywood!” Y vamos si lo era: A mi izquierda el cantante Luis Miguel con un bronceado artificial y dientes perlados, estaba sentado sobre un sofá con dos rubias de escándalo, Manny se metía con su moreno de spray, el cantante reía, se conocen. Al fondo el actor Steven Bauer con su camisa negra y abierta, ya no recordaba su figura a la del espigado amigo de Tony Montana en Scarface. Y de pronto abrió el baile alguien importante que no conocía, pasaba de los 70 y recordaba a “Santo Trafficante” de Donnie Brasco. Después el baile, todos se movían de manera impecable, mi amigo panameño lo hacía a la perfección mientras yo apuraba el trago más largo, seguía viendo famosas y curvas, tantas como en Laguna Seca. Una chica insistió en bailar, uf! (me negué) “Lo mío no son estos movimientos -comenté- “Acaso son otros?” -contestó-, acto seguido estaba bailando con ella, no sé por qué pero me convenció, no debí hacer mucho el ridículo porque mis errores de movimiento se camuflaban entre la muchedumbre. Otra copa más, el descanso del meneo en espiral y alguien que recuerdo que quería presentarme a su hermana. Los Ángeles es así. Creo que todavía estoy allí, cruzándome con mujeres que jamás volveré a ver o esperando a entrar en el servicio mientras pasa Eva Longoria. Y de fondo, siempre de fondo Johnny Polanco y su Conjunto Amistad. En mi retina el recuerdo al cantar junto a ellos cuando ya nadie quedaba en el local. Nunca olvidaré aquella noche mágica, la noche del Floridita.