Ciclo Historias de Cine en Civivox Mendillorri

Arranca un nuevo ciclo de “Historias de cine”, esta vez nos trasladamos de Civivox Iturrama a Civivox Mendillorri, con la proyección de seis películas clásicas de género fantástco. Los martes del 24 de enero al 28 de febrero al precio de 1 euro. Los asistentes podrán ver la versión de 1939 de ‘El mago de Oz’, ‘La invasión de los ladrones de cuerpos’, ‘El planeta de los simios’, ‘Willow’, ‘Eduardo Manostijeras’ y ‘Parque jurásico’.

Todas las películas estarán presentadas por Mikel Navarro comentándoles los diversos datos, anécdotas y curiosidades de cada una de las obras. Como colofón final una charla en la última sesión de este ciclo. Disfruten del mejor cine en Civivox Mendillorri,
Les esperamos.

Dirección. C/ CONCEJO DE SARRIGUREN 3, PLANTA BAJA PAMPLONA. Teléfono. 948-164114. Fax. 948-164100.

Cliff Robertson, el secundario principal nos dijo adiós.


Cliff Robertson, el secundario principal.
No puedo concluir este año 2011 sin despedirme del gran Cliff Robertson. El pasado 10 de Septiembre fallecía un intérprete que siempre estuvo por encima de ser un actor de reparto, era ACTOR, con mayúsculas. Su mirada natural, su ceño fruncido, sus ojos molestados por el sol, la tez de su piel siempre tibia al calor de un sudor interpretativo y natural. Robertson torcía el labio como nadie, era un tipo íntegro que transmitía, tenía la grandeza de ser un antihéroe con clase, de la escuela de los McQueen, Cassavetes, Holden, Marvin, Newman… and company . Cliff quizás siempre fue más discreto pero nunca dejó de brillar con luz propia.
Oscar a mejor actor por Charly, en una actuación memorable con un papel complejo dotando la minusvalía de su personaje en genialidad absoluta, se llevó la estatuilla y el reconocimiento profesional que bien merece.

Personalmente lo recuerdo por títulos como la mítica Comando en el mar de la China (Too late the hero), un peliculón de aúpa que nos legó el bueno de Robertson con momentos para el recuerdo memorables junto a Michael Caine, ambos formaron uno de esos tándem para la historia del cine bélico. Escapando de la jungla en zig-zag mientras los japoneses los ametrallan en campo abierto, esquivando las balas corriendo en uno de esos momentos de cine que son pura vida y que hacen que el espectador se levante de la butaca para gritar palabras de ánimo, alentando el vibrar del fotograma… Señoras y señores esto es cine, nos puso a todos de pie hasta el final con un interrogante que todavía palpita y jadea de emoción.

Tenía el porte de un tipo que sin despeinarse sabía decir que no, y el aspecto de un seductor californiano que alquilaba el glamour de su casa de verano en Palm Springs, tal vez para reír junto a la señorita más bella del lugar mientras juntos bebían cerveza, y a pesar de que no sé porqué cuando yo era pequeño lo confundía con Dean Jones, el actor de Herbie, igual era porque tenía ese rostro tan sonriente y cool típico americano y triunfador de Costa Oeste.

Cliff nos dio otro homenaje en la brigada del diablo junto al gran William Holden y otros míticos secundarios como Richard Jeackel, Vince Edwards o Andrew Pine. Y otra lección de coraje y admiración, hasta el final. Si algo sabía Robertson era morir en el cine, lo hacía con honor y te dejaba completado, su misión siempre era cumplida, hasta el final. Si alguien quiere revisar La brigada del diablo que lo haga en honor al testamento cinéfilo de este gran actor, la película no está al nivel de Comando en el mar de la china, ni mucho menos, pero te deja unas cuantas frases y hechos que hacen reflexionar al espectador, tanto en la forma de actuar respecto a la propia vida, como en la interpretación. Holden deja con el culo al aire al sistema en no pocas acciones y en eso no le va a la zaga el bueno de Cliff.

Sin duda en este legado cinematográfico no puedo olvidarme de Los tres días del Cóndor, para mí la mejor película de la historia sobre espionaje. Aquí tenemos a Robertson como antagonista de Redford y esta a un nivel más que sobresaliente, en uno de esos finales memorables con un diálogo callejero, neoyorkino y navideño con ropa de abrigo y aliento de vaho helador, la imagen se congela en el último fotograma y nuestro actor nos deja uno de los grandes interrogantes de esta obra maestra, pone los puntos suspensivos, la guinda del pastel.

Cliff Robertson siempre será aquel gran actor que ya forma parte de la selecta lista de los que están por encima del bien y del mal, en su último renglón una aparición en Spiderman ya muy mayor, en un guiño en voz baja en el que nos dijo que los grandes actores están siempre por encima de los propios superhéroes.
Gracias por tu cine Cliff, un grande. Descansa en paz.


CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 6- Iglesia San Salvador de Dinan.


CRÓNICAS NORMANDAS –Capítulo 6- Iglesia San Salvador de Dinan.

Nos remontamos a las frías Navidades del año de Nuestro Señor 1066 en una aldea bretona llamada Dinan, laberínticas callejuelas abrigadas al calor de hogares de artesanos y comerciantes, pequeños cobijos de madera de media lumbre y aliento de res, allí conviven señores y serviles de superstición y fe, trabajo y sudor, frío y abrigo. La necesidad de hambre y rezo hace que las oraciones de los feligreses orienten su credo a un templo digno, así se compromete Olivier de Dinan, Señor de la aldea, pero la Iglesia que construye pronto pedirá amplitud, sin oro pero con incienso y mirra el pueblo prospera y medio siglo después un joven y atrevido caballero llamado Rivallón el Rojo parte con su palabra de volver de las Cruzadas y construir una digna Iglesia acorde con su valor y arrojo entregado en Palestina, así lo hace y vuelve con la promesa cumplida de su espada iluminada por la Santísima Trinidad, con ese ímpetu comienza la construcción del santuario.

La obra románica nos saluda con su León y Toro, su pila bautismal de granito, su altanera nave sur y sus altas columnas maravillas del 1120 d.C. Hieráticas nos observan las estatuas de la fachada petrificadas, los leones sobre los cuales se yerguen, los doseles que las guarecen, los vaciados del muro meridional, los animales, monstruos y criaturas terribles y simpáticas a su vez que nos siguen escrutando 800 años después. Rivallón el Pelirrojo, realizó un alarde de divinidad sepultando para siempre el embrujo de su pelo rojo y los rumores de su poder de mil demonios, había vuelto de la muerte al atardecer con la espada de luz en su mano para edificar la fe de su pueblo, Dinan. Y así lo hizo.

Rivallón Le Roux mezcló la experiencia de su cruzada en los muros de su Saint-Sauveur, rodeándose de los mejores maestros, imagineros, arquitectos y canteros de la región; se inspiraron en el arte bizantino y estilo Persa Sasánida así como el mejor arte románico del Poitou. Así nos dejó su legado de guerra y fe adquirido en tan lejanas tierras.

Al penetrar en su interior un estruendo nos saluda con sus acordes, es el órgano Cavaillé-Coll construido en 1838 y reformado en 1966, con el sonido envolvente apreciamos el muro románico del S. XII, la Nave, el Crucero y el Coro que llama la atención al estar ligeramente descentrado y que data de principios del S. XV. La Nave Lateral Norte fue edificada en 1480 y los 90 bancos de madera fueron colocados en 1845, apreciemos que el templo se ha sometido a una continua evolución, el interior del porche es del siglo XV con columnas y capiteles esculpidos, en donde entre otras figuras aparece de forma sorpresiva un extraño camello.
Cinco capillas conforman principalmente el conjunto de la Iglesia:
La capilla de la pila bautismal del S. XV, la curiosidad del elemento central, la propia Pila, se da al observar los cuatro personajes vestidos con túnica que sostienen la copa. Otras capillas completan el cuadro, la antigua Capilla de la pila bautismal con una llamativa vidriera o la capilla de San Roque en donde no puede faltar una pintura de San Roque y su perro del S. XVII.
La capilla de San Mathurin del S. XV honra la memoria de los religiosos trinitarios que dirigían un hospital en la calle de los pescateros de Dinan, desde 1366. Otras pinturas destacan como las del propio San Maturín y la de San Jacinto. La última capilla, la de San Clemente está dedicada a la Asunción de la Virgen y destaca una vidriera de los Santos Oficios.
Todas las capillas coinciden en su carácter funerario, se aprecian antiguos nichos sin inscripción, tal vez borrados por el paso del tiempo.
Al caminar entre sus muros impresionan sus enormes pilares de 1507 que sobre ambos brazos del crucero sostienen el campanario.

La curiosa capilla del Rosario de finales del S.XV fue la sede de la corporación de los curtidores, los zapateros, los obreros del cuero, todos ellos bajo la protección de San Crépin, españolizado San Crispín, etimológicamente viene de la palabra griega crepís, que significa zapato, calzado, se forma el sobrenombre Crepín, que significa zapatero; y que como no tiene suficiente acomodo en la lengua española (aunque sí en la francesa, de la que es originario), se asimila al más parecido, que es Crispín, o Crispiniano derivado del latín crispinus o crispus, que significa “de cabello rizado o ensortijado” y que nos da igualmente el apellido “Crespo”. Por esos caminos laberínticos vino San Crispín, Santo patrono elegido desde antaño por el gremio de los zapateros.

Precisamente el nombre de Crépin es muy frecuente en el norte de Francia, sobre todo en Bretaña y Normandía, ya que tradicionalmente se narra que en el año 285 dos nobles romanos fueron enviados a evangelizar las Galias teniendo tanta repercusión que hasta hoy en día son considerados como apóstoles en esta zona de Francia, trabajaron con ahínco en el oficio de zapateros para ganarse la vida evangelizando a la vez y dando ejemplo a sus fieles, de ahí su patronazgo al gremio.
Desafortunadamente para ellos sufrieron la persecución de Diocleciano y San Crispín y San Crispiniano padecieron una brutal tortura de forma estoica hasta la extenuación para finalmente ser decapitados. Sus cabezas se veneran en la iglesia de San Lorenzo de Roma y sus cuerpos se encuentran en Soissons, ciudad situada en el departamento de Aisne (Francia).

Pero sin duda lo que más llamó mi atención fue el Cenotafio del corazón de Bertrand Du Guesclin (citado en mi anterior artículo) El propio caballero quiso que a su muerte (en 1380), su corazón fuese transportado al convento de los Dominicos de Dinan, pero durante la Revolución francesa desapareció. En 1810 el corazón apareció dentro de su piedra tumularia o pichel (recipiente relicario) y fue depositado en nuestra iglesia de San Salvador.
El siglo XV fue el siglo de oro para los dinanenses, crecimiento notable de la población, enriquecimiento cultural y comercial o embellecimiento de las casas con pilares y entramados fastuosos, además se reforzaron las murallas para mayor protección del exterior ante los más que posibles ataques y se edificó una torre comunal, como no, fue preciso ampliar la iglesia de Saint Saveur. En 1480 se comenzó a ensanchar la nave construyendo en el lado norte una nave lateral de estilo ojival, flanqueada por cinco elegantes capillas. Sufrió lo suyo ya que fue derribada por la parte superior de la fachada y reedificada dotándola de un ancho ventanal. Se prosiguió la construcción con dos brazos de crucero, después, en 1507 se añadió el Coro y las nueve radiantes capillas. Con una duración total de las obras de 150 años. Sin embargo el conjunto del edificio ostenta una homogeneidad que no excluye el contraste.
Se concluyó esta obra de tan larga duración, en el siglo XVII, con la edificación del célebre campanario, de tres pisos, tan solo levantado 10 años antes de la Revolución francesa.
Única por su arquitectura, la iglesia lo es igualmente por su mobiliario, por esa ornamentación de altares, retablos, cuadros y obras de arte elaboradas por el pueblo de Dinan, con sus propias manos, han sobrevivido a no pocas guerras asedios y tempestades de todo tipo y condición, allí siguen desafiando al tiempo y susurrando cariño y admiración. Un conjunto único de más de 12 altares y retablos de madera pintados a mano y construidos entre 1666 y 1817, retablos que figuran entre los más hermosos de Bretaña.

La iglesia de San Salvador tiene el honor de llegar a ser considerado Templo de Ser Supremo durante nada menos que la Revolución Francesa, dualidad castigada con el otro honor de albergar un almacén de heno. Devuelta al culto en el año 1800 sigue entre nosotros dictándonos las letras de su ajetreada historia, y sin duda continúa en pie firme y esbelta.
En el siglo XX la Iglesia fue elevada a Basílica, en 1942 el maestro vidriero Luis Barillet colocó unas modernas vidrieras dando énfasis a su elegante y discreta figura siempre en armonía con el propio tiempo.
Saint-Sauveur tiene la fuerza de la cruzada de aquel Rivallon-Le Roux, caballero y guerrero de pelo rojo que edificó el propio atardecer de Palestina en Dinan.

CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 5- El corazón de Bertrand Du Guesclin.

El corazón de Bretagne se encuentra en Dinan, al igual que el corazón del héroe bretón de la guerra de los cien años Bertrand Du Guesclin (que se encuentra en la iglesia Saint-Sauveur de Dinan), caballero legendario y antagonista del Reyno de Navarra, uno de nuestros enemigos íntimos huyó de Carlos II “el malo” a uña de caballo para volver con más efectivos y tendernos la famosa emboscada de la batalla de Cocherel, acabando con nuestras aspiraciones de llegar al trono de Francia, el mundo probablemente no hubiera sido el mismo que hoy conocemos, al menos su geografía, y quién sabe si en Paris ondearía en estos momentos la Roja y las Cadenas o simplemente nuestra gloriosa Pamplona fuera la capital de una Navarra más imperial que nunca. Los dominios navarros llegaban a Normandía en nuestra época dorada en alianza con los ingleses a mediados de 1300. Inicialmente Duguesclin se retira ante el empuje Don Juan de Grailly. Navarra toma Cherburgo de manos de nuestro Mariscal Don Martín Enríquez de Lacarra y avanza a sangre y fuego haciendo retroceder a las tropas francesas. El 16 de mayo de 1364 acontece la famosa batalla de Cocherel. El ejército anglo-navarro-normando se establece a orillas del rio Eure, durante horas la batalla es feroz, finalmente ante el retroceso de los franceses Juan de Grailly se confía y abandona su posición para rematar un golpe final contra Bertrand y sus hombres. Es en ese momento, al bajar Grailly de su colina protectora, cuando son sorprendidos por más de 200 lanceros escondidos, son los refuerzos de Du Guesclin, los hombres del bretón Eustrach de la Husaye que ha llegado en su ayuda desde la retaguardia, allí sorprenden a los arqueros ingleses a los que aniquilan, muchos navarros son apresados y llevados a Rouen, Don Juan de Grailly cae herido y Vasco de Merevil muere siendo el último que queda defendiendo su bandera de Navarra sin rendirse jamás.

*Estatua ecuestre de Bertrand Du Guesclin en Dinan*

Un mensajero recorre en 8 días los más de 400 kms que separan Cocherel de Pamplona para anunciar la derrota y el fin de nuestras aspiraciones de Conquistar Francia, lo tuvimos muy cerca y llegamos incluso a Paris, luego llegaría la Conquista de Albania, nuestros dominios en Grecia (Morea, el Peloponeso) la famosa Compañía de Navarra (Olvidados por la Historia, para unos mercenarios para otros Héroes) la conquista de Naupacto en la batalla de 1377, Lepanto fue Navarra mucho antes de la famosa batalla en la que luchó Cervantes en aquella Liga Santa contra los Otomanos 200 años después… pero esa es otra historia.

CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 4 – Cancale, el paraiso de la ostra.

Cancale es la perla del norte, el paraíso de la ostra natural y salvaje que habita en la marea baja de orillas interminables, playas oscuras y puertos sencillos. Los pescadores bretones de aire independiente y aspecto bohemio pasean sus mostachos de curvatura elevada y sombreros de ala ancha que doblan esquinas para saludarte calle arriba. El movimiento de sus gentes se abre en cada ventana que ventila el hogar cálido y saluda al viajero con su viento del Atlántico siempre frío pero vigoroso. Rincones con vistas al mar recorren el paseo de pescado, marisco y la especialidad de sus deliciosas ostras y de los Moules-frites (Mejillones) con patatas fritas y mantequilla. Una noche aprendí a pinzar el mejillón son su propia cáscara y saboreé el vapor de su aroma humeante con el sabor de la cerveza y la sidra dulce y suave de Calvados. Las patatas siempre acompañan, extraña combinación a nuestro entender pero nunca falla su presencia como tampoco el tiempo rebelde e intempestivo que le da ese aire siempre indomable.

Respirar lo auténtico es acudir al puerto donde las ostras surgen del vivero en barcas con hielo, que una anciana vende del mar al plato, opción informal sin cruzar al restaurant de enfrente en donde el limón cuesta el doble y la ostra se sirve a precio de perla. Preferí sentarme en un bordillo de atardecer divisando un mar siempre bravo en inmejorable compañía ante una montaña de cáscaras que edifican una torre de babel y calcio. Un rondar contínuo de miles de gaviotas ladronas y pillas esperan su turno valientes, para rebanar el arrojo de tu pieza… todo ello conforma un gracioso cuadro de luz, sonido y sabor.

Cancale, siempre evocadora para una acuarela, para un poema en soledad, para un retiro en silencio y por edad. Cancale es eso y mucho más y seguro es la expresión de una vieja película en blanco y negro, de la bruma de un romántico que tuvo un pasado mejor y hoy respira nostalgia, la nostalgia del viejo pescador.


Sr. Torres-Dulce: El hijo de Spencer Tracy no era Subnormal.

Recientemente escuchaba como tantas veces el podcast del programa de radio “Cowboys de medianoche”, un gran programa de EsRadio para buenos cinéfilos del que me delcaro seguidor y del que por supuesto siempre que lo escucho aprendo. El programa esta dirigido por Luis Herrero y compuesto por José Luis Garci y Eduardo Torres-Dulce, que a estas alturas no necesitan presentación. La Trinidad intenta transmitir entusiasmo como buenos cinéfilos que son, con esa fórmula de radio-tertulia cercana y amena que muchas veces deriva a cuestiones paralelas referentes a fútbol, literatura, televisión, gastronomía e incluso humor del fino… Ramificaciones del tema central que es por supuesto el cine clásico. Esta tertulia pretende ser fresca y dinámica pero en ocasiones se vuelve espesa, pedante e incluso soberbia. Una soberbia que se conforma a partir de la ausencia de crítica contructiva a su alrededor probalemente adquirida por un status que está por encima del bien y del mal. La veteranía del viejo pistolero que tiene toda la experiencia del duelo y que ya ni siquiera le hace falta desenfundar. El problema es que el cowboy de medianoche con el que tanto había disfrutado en el pasado se vuelve trasnochado, lento e incluso apenas reflexivo. Dispara al aire ante un micrófono soltando posta tan innecesaria como dañina. La charla de salón, de partida de poker para caballeros en la que se requiere etiqueta se vuelve tramposa destapándose las cartas de cada uno, ante ellos la mirada atónita de un oyente que como Henry Gondorff pasaba por allí sin su corbata reglamentaria y con unas gotas de Gordon`s en el cuello de su camisa de serenas intenciones. Y es entonces cuando Eduardo Torres-Dulce destapa sus naipes quedando eliminado completamente de la partida:

Programa con fecha de 30 Septiembre de 2011, minuto 31:34. Palabras textuales de Eduardo Torres Dulce: “En Spencer Tracy dicen que influyó mucho el hijo subnormal que tenía”.

No me parece de recibo referirse en este penoso término al hijo de Spencer Tracy, llamándolo “Subnormal” . Sorprende escuchar expresarse así a un señor de su categoría, que presume de ser adalid de la lengua española que sin embargo habla como si estuviera en una taberna rodeado de tintorros.

El micrófono requiere responsabilidad y respeto y más cuando uno se refiere a un niño, sí, un niño del pasado ya fallecido por la vejez, pero que representa a un niño que no merece jamás tal calificativo y sobre todo representa a su Fundación, a la Fundación John Tracy y lo más importante a los miles de niños que sufren el síndrome de Usher.

John Tracy era sordo, tenía un problema auditivo debido a este síndrome congénito que afecta al oído y con los años a la vista. De haber tenido algun tipo de discapacidad (que no la tenía) no creo que esa palabra “Subnormal” fuera la más adecuada, tal vez se dijera en los años 50 pero estamos en pleno Siglo XXI y además añadir a tan garrafal error su desinformación para más inri.

John Tracy merece el reconocimiento y la reparación que precisamente no se la da Don Eduardo Torres Dulce, por ello vamos a saber quién fue el hijo de Spencer Tracy y la labor de su Fundación que nada tiene de Subnormal:

John Ten Broeck Tracy nació el 26 de junio 1924, en Milwaukee. Antes de cumplir 1 año su madre se alarmó debido a que al dar un fuerte portazo de forma accidental el bebé no se despertó. Incluso después de seguir llamándolo alzando la voz debido al nerviosismo, el niño seguía durmiendo. Era sordo. Consultando a los médicos de la zona y tras el análisis de diversos especialistas diagnosticaron una causa desconocida que afectaba a la audición, el niño probablemente jamás hablaría.

Los Tracy se negaron a aceptar el consejo de los médicos. Gracias a la perseverancia de los padres el niño dijo su primera palabra con 4 años, dijo “Habla”, esa fue su primera articulación sonora paradójicamente.
A partir de entonces aprendió a leer los labios y a comunicarse.
Incluso, a pesar de un ataque de polio a los seis años que lo dejó con una pierna debilitada, Tracy comenzó a montar a caballo a los 9 y compitió en el Riviera Country Club así como diversas competiciones. También se especializó como jugador de Polo y con los años también practicó de manera muy notable el Tenis.

Gracias a la carrera y el éxito de su padre, la familia despegó y echó raíces en 1936 en un rancho de tres hectáreas en Encino, donde vivieron 19 años.

A los 14 años, John Tracy comenzó a escribir cuentos y relatos, también comenzó a dibujar. Esta pasión literaria le hizo editar de forma meticulosa un boletín periódico que realizó gracias a una imprenta que elaboró en su propia casa, entregado a sus familiares y amigos sus propias publicaciones.

Su fascinación y sagacidad por el cine y la literatura hizo que el propio Spencer cediera a su hijo una serie de guiones para que pudiera leerlos y darle su propia opinión y así lo hizo trabajando como asistente y consejero dramático de su propio padre. Algo que siempre recordó y citó en no pocas entrevistas su hermana menor Susie.

Aunque Tracy había sido educado en casa, también ayudaron varios tutores y gracias a su esfuerzo consiguió graduarse en Pasadena City College, su padre con orgullo habló en su graduación.

Después de asistir a lo que hoy es el Instituto de Artes de California, Tracy trabajó durante varios años en el departamento de arte de los estudios de Walt Disney.
Ya siendo un adulto supo que su sordera era debido al síndrome de Usher, una enfermedad genética que también fue responsable paulatina ceguera que ya fue casi plena a comienzos de 1990.

En 1953, se casó con Nadine Carr, una vecina con la que desde niño montaba a caballo y daban largos paseos siempre rodeados de naturaleza y buenos momentos. Tuvieron un hijo, Joseph Spencer Tracy, pero a raíz del matrimonio las relaciones comenzaron a deteriorarse, se divorciaron poco después en 1957.

John Tracy siempre llevó una vida completamente plena y normal con sus altibajos, su día a día, su trabajo, sus amores, desamores, ocio, amistades… Sus momentos más duros fueron cuando murió su padre en 1967 y su madre en 1983.
Tracy ya jubliado se retiró a Santa Mónica y dejó unas emotivas declaraciones al Daily News en 2003. Cuando se le preguntó si tenía un mensaje para los niños con deficiencias auditivas que asisten a la clínica que lleva su nombre, Tracy dijo: “Quiero que los niños sepan que pueden vivir una vida plena. Deporte, estudios, hobbies, inquietudes, noviazgo, matrimonio, tener una familia, conducir un coche. Todo eso y mucho más “

Además de su hermana, Susie, y su hijo, Joseph, John Tracy tuvo 3 nietos.

La Fundación que lleva su nombre la inició la Señora Tracy en
En 1942 con la ayuda de doce madres que se encontraban en su misma situación.
Con mucha compasión, la señora Tracy estableció programas para educar y ofrecer apoyo emocional a los padres y a sus hijos sordos, sin costo alguno. La Clínica ha preparado a miles de niños y niñas durante todos estos años superando todos los desafíos de la comunicación y motivando a los padres a construír una base sólida de comunicación con sus hijos durante la etapa crítica del desarrollo del lenguaje .
La Clínica John Tracy provee, a través del mundo y sin costo, servicios para padres y sus hijos pequeños con problemas auditivos, ofreciéndoles esperanza, orientación y apoyo.
La planta de la “Yucca” es el símbolo de la Clínica John Tracy porque crece con gran belleza en condiciones muy difíciles, tal como lo hacen los padres y niños que acuden a la Clínica. Los niños sordos eventualmente “florecen” como éstas plantas. Son capaces de compartir sus talentos y capacidades con el resto del mundo a través de la comunicación y habilidad oral desarrollada durante sus primeros años.
La clínica tiene sus principios y sus valores, algo que hace que la unión y el vínculo afectivo sea un acto de todos y para todos:

Hacer un esfuerzo multilateral – nacional e internacional – en busca de los que podamos ayudar.

Impactar positivamente las vidas de los niños, padres y familias.

Facilitar la detección temprana de la sordera desde el nacimiento hasta los cinco años de edad.

Proveer servicios de intervención temprana a niños preescolares sordos e hipoacúsicos.

Ofrecer apoyo y educación a los padres.

Ofrecer un ambiente de lenguaje hablado a niños sordos o hipoacúsicos.

Mantener el liderazgo de la educación oral a través del desarrollo profesional e investigación.

Para más información la muy recomendable página web de la clínica John Tracy:

http://clinicajohntracy.org/

John Tracy falleció por causas naturales el 15 de Junio de 2007 a la edad de 82 años. Pero su espíritu sigue vivo luchando para ayudar a todos esos niños que intentan abrirse camino ante la adversidad para lograr una vida plena y feliz.

Espero Señor Torres Dulce que al menos este artículo le haga recapacitar o por lo menos reflexionar, su silencio y el silencio cómplice de sus compañeros es tan injusto como soberbio, y como ya ven no son infalibles ni el oyente es sordo, ciego ni subnormal y mucho menos lo fue John Tracy. Han destapado sus cartas del juego al igual que la omisión al correo que envié a su programa prefiriendo dar publicidad al nuevo libro de nuestro cowboy de medianoche Don Eduardo, o anteponiendo las típicas peticiones y alabanzas de los oyentes.
La partida de poker llega a su fin y vuelvo al tren de “El Golpe” y al eterno Newman que sonriendo les saluda con 4 jotas y con un “me debe 15 de los grandes amigo” así que ya sabe señor Torres Dulce no sea como Lonegan y sepa perder reconociendo sus errores o todo Chicago sabrá que no paga sus deudas morales de juego y no habrá quien quiera jugar más con usted.

Un saludo igualmente de parte de Spencer e hijo,
Atentamente
Mikel Navarro Ayensa

Palmarés del XII Festival de cine de Pamplona


El Festival de cine de Pamplona fue una gran experiencia para mi, debo dar gracias a Iñaki Arrubla a Dimas Lasterra y cómo no a Navarra de cine por contar conmigo como jurado en este XII Festival de cine que representa el esfuerzo de tantos y tantos que trabajan alrededor de esta fábrica de sueños. Tengo el honor de haber participado en la responsabilidad de formar parte del jurado junto a mis compañeros Diego Fandos y Alberto Cañada y la satisfacción de repartir tan deseados e ilusionantes premios.
¡¡ENHORABUENA A TODOS ELLOS!!

A continuación les dejo el palmarés del XII Festival de cine de Pamplona 2011.
*Fuente: Diario de Navarra.

El ganador de Alternatif, la sección estrella de Festival de Cine de Pamplona, que este sábado cierra su duodécima edición, ha sido “Dicen”, una producción en inglés subtitulada en castellano y dirigida por Alauda Ruiz de Azúa.

Una pieza que, en palabras del crítico y juez en esa sección del festival, Mikel Navarro, tiene “gran calidad visual y técnica”, además de ser “un homenaje a los grandes marginados que soportan bullying en las aulas”.

En ese mismo apartado se han concedido otros tres premios, entre los que se encuentra el reconocimiento al “Mejor Corto Navarro”, donde ha resultado ganador “Basajaun y los lindes del bosque”, una pieza que combina personajes reales y virtuales.

El jurado quiso premiar esa obra de Sergio Morillo por su “reflexión por el entorno natural navarro”.

El “Premio del Público” de Alternatif se lo ha llevado una comedia dirigida por Javier Beiga que, desde su nombre, se pregunta “¿De qué se ríen las hienas?”.

La “Mejor Actriz” y a “Mejor Actor” de las producciones presentadas en la apuesta más fuerte del festival se lo han llevado Pilar Castro y César Camino respectivamente. La primera por su “espontaneidad añadida” al personaje, explicaba Navarro. Y, el segundo, por la “pulsión dramática y febril que le transmite al espectador”, añadía el crítico.

En la categoría “Cortico Navarro”, en la que el público decide cuál es el mejor cortometraje, ha recibido el premio de 600 euros “MM Killer”, una obra dirigida por Iñaki Díaz de Rada, técnico de sonido.

Otro premio, el único otorgado en la categoría Valor Visual, lo ha recibido “La ola verde”.

“Vimos que el ciudadano toma parte activa en una acción positiva que transmite un mensaje de esperanza”, ha manifestado el presidente de la Asociación de Periodistas de Navarra, Miguel Ángel Barón.

Además de los cinco galardones Alternatif, el Festival de Cine de Pamplona ha concedido otros cuatro. Dos, de reconocimiento, en la sección Educatif, donde han resultado premiados “El viaje de María” y “Hechos son amores”.

CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 3- Saint Malo la ciudad de los corsarios.

Crónicas Normandas, capítulo 3
Saint Malo, la ciudad de los corsarios.

La Costa Esmeralda aparece en la vecina Bretagne como un sinuoso y contínuo acantilado salpicado por playas de ensueño, naufragada en el pasado más evocador con ese murmullo de leyenda que representa la Ciudad de los Corsarios: Saint Malo. Amurallado enclave que flota en el atlántico más pirata, de tonos plata al amanecer, mate como de costumbre y brillante sólo cuando quiere. Con su fulgor de leyenda se nos presenta a distancia flotando gris y pétrea sobre un mar de traicionera calma. Sus muros sudan historia a lo largo de mundos pretéritos facilmente imaginables caminando en los entresijos de sus calles intrínsecas de toques de queda, cierre de compuertas y refugio a cal y canto del mundo exterior siempre hostil. Hoy el único saqueo es el trasiego de turistas en busca de cerveza, galettes y moules. El viajero intenta ser cosario por un día con patente de corso, como lo fueron los Ambroise Louis Garneray, Rene Duguay-Trouin o el erigido Robert Sourcuf con el que me ví cara a cara apuntando al mar o tal vez señalando un posible galeón que amenazaba sus costas.
<Garneray fue un virtuoso de espada y pincel, corsario y pintor que reflejó su mundo aventurero más a lienzo que a hierro, librando esgrima en caballete de salón cuando desembarcaba de su último periplo. Duguay-Trouin siempre práctico hizo arcas para su rey capturando más de 300 barcos y unos cuantos buques de guerra de los que dió buena cuenta. Pero sin duda la estatua de Suorcuf es la que domina el tiempo desenfundando al horizonte y también al visitante que ose intimidar su paz petrificada. Siglos XVII y XVIII reflejo de su esplendor.

Pero no solo de corsarios vive Saint Malo sino también de cine, como no… pero de otros guerreros todavía más feroces, salvajes y sobre todo cerveceros. "Los Vikingos". Vikingos de pelo rojo de finales de los 50… Aquí se rodó la película protagonizada por Kirk Douglas y Tony Curtis, dirigida por Richard Fleischer. Algunas escenas rodadas en 1957 como las del castillo de Fort La Latte pone de manifiesto lo atractivo del lugar y sus múltiples rincones decorados de las mejores aventuras cinéfilas.

Saint Malò, el navío que flota sobre sus murallas ha sufrido muchos ataques a lo largo de su historia y siempre se ha rehecho a base de coraje y reconstrucción marinera, y es que sus pobladores dicen no ser ni franceses, ni bretones, tan solo corsarios al servicio de su ciudad, su gran buque de guerra. Y digo bien porque a partir del Siglo XIV muchas de sus casas fueron construidas con materiales de los propios barcos, asemejándose sus casas a los castillos de popa de los navíos.

Las dos grandes desgracias fueron el incendio de 1661 que arrasó gran parte de la ciudad y sobre todo los bombardeos de 1944 por parte de los aliados que dejaron la ciudad reducida a escombros. Es curioso observar un intrincado de pasadizos y túneles subterráneos construidos por los alemanes en donde se libraron diversos combates.

Hoy como ayer la ciudad desafía su inexpugnabilidad al enemigo inglés que siempre acecha… Saint Malo sigue vigilante con el catalejo del tiempo, bajo la sombra de Sourcuf ya prepara sus cañones esperando el próximo asedio.

CRÓNICAS NORMANDAS. -Capítulo 2. El Monte Saint Michel.-

EL MONTE SAINT-MICHEL
CRÓNICAS NORMANDAS
4491 kilómetros recorriendo Bretaña y Normandía

La Manche es un retazo de Normandía que con su lengua de tierra se abre al mar para confudirnos con su espejismo de agua y hacernos soñar. Vientos y mareas sacuden al viajero que por siempre será caminante que se sumerje en su aire de pasado y pisar de peregrino. Un paisaje bucólico de contrastes: Litorales escarpados, playas de arena fina, verdes praderas, molinos de viento y carreteras secundarias.

En su infinito se divisa un perfil de corona pétrea, un apuntado estilete que preside el cielo sobre el mar y la tierra, es La maravilla de occidente que impone su luz.

Cada año tres millones de personas visitan el Monte Saint-Michel, obra maestra de arquitectura medieval construida en el año 708 y concluida cinco siglos después. Conformada en tres pisos destaca la capellanía, la despensa y bodega, la sala de huéspedes, el scriptoriu, refrectorio y claustro. Todo ello vigilado por la cúspide con su estatua del arcángel San Miguel que protege, custodia e impone su perfil sobre este importante centro de peregrinación y lugar de poder.

Un día antes de la visita a Saint Michel había llegado hasta sus muros con el atardecer a mi espalda y el temor de que la marea fuera traicionera y me aislara en su regazo, tal vez para siempre… o al menos por un instante. No tuve tal suerte y cuando el ángel de plata apuntó la luna con su índice volví sobre mis pasos para descansar en la casita de Moidrey, apenas a 2 kilómetros.

La aventura del peregrinaje en pleno Siglo XXI supone el esfuerzo o la gracia de madrugar para acceder al lugar santo. Arriesgarse más allá de las 10 de la mañana supone horas de atasco formando parte de una serpiente interminable de autocarabanas, vehículos y autobuses de medio mundo. A las siete de la mañana “llamada de despierto” (Término que se refiere al acto de madrugar y que nunca abandonaré desde que lo escuché en El Cairo día tras día en la voz de mi inseparable guía) de ocho a nueve desayuno copioso y partida. A las nueve y quince minutos se abría el mar ante mí y me engullía las puertas templarias de la Jerusalén atlántica.
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El Monte Sanint Michel es Patrimonio de la Unesco y estar frente a Él supone retroceder a tiempos extraños que te atrapan hasta sumergirte en reinos milenarios de magia, caballeros, damas y guerreros. Seres que habitan el umbral de lo imposible y sólo al cruzar la puerta de este Puerto de Hércules uno toma conciencia que se encuentra en las Minas Tirith del Señor de los Anillos y que después de sortear callejuelas de modernos mercaderes y vendedores de humo… A la vuelta de la esquina con la conexión del tiempo es posible divisar la silueta de una dama élfica en forma de turista, un viejo Gandalf en el rostro de un extrangero o un fornido Aragorn en el disimulado paso de cualquier mochilero que aparentemente pasaba por allí…

Su interior es sinuoso, laberíntico y profundo y su viento sabe a extraño cruceiro. Pequeñas terrazas que ilumina un paisaje infinito sin principio ni fin. Allí empieza todo y acaba… Pero no mi relato que continúa en este viaje de frescor a la mañana y sabores al atardecer… La noche es para las sombras, hoy es San Miguel.

CRÓNICAS NORMANDAS -Capítulo 1, Un viaje de ida. -

CRÓNICAS NORMANDAS
4491 kilómetros recorriendo Bretaña y Normandía
Capítulo 1, Un viaje de ida.

La lluvía amenazaba la primera parte de un recorrido que amanecía en carretera y desayunaba en Burdeos. Burdeos nos acogía con fina lluvia y café largo. Un café de estación de carretera, de máquina que no da cambio ni tampoco buenos días. Si los dió sin embargo un orondo camionero que amable nos saludó por aquello de nuestro acento francés del sur de los Pirineos. Era murciano, que no de marte y departió con amablidad los entresijos de nuestro destino. Bella Normandía de estrechas carreteras, maíz en las cunetas, pastos infinitos y nocturnidad a media tarde por ausencia de farolas. Eso y mucho más nos aguardaba. Se despidió con amplia sonrisa de palillo ladeado, hombre robusto de metro sesenta y camiseta de tirantes para su mayor comodidad al volante. Destino Dover, rutinario pero sencillo viaje que le llevaría a Portsmouth.

Con un regusto todavía a café agrio refresqué mi sed con agua embotellada que compartimos Carmen y yo. Si, Carmen, mi compañera de vida, de viaje, de comienzo y de fin.
Recorrer casi 900 kilómetros era pan comido, se hacía entretenido descubrir entre conversación y conversación el nuevo disco del antiguo componente de la Fuga. Nombre algo áspero su nuevo “Rulo y la contrabanda”, pero me recordó su autenticidad con canciones como “Tranqui por mi camino” muy acorde con la llana y monótona pero bien asfaltada carretera gala. Sobre todo precaución por aquello de los disparos de radar que con estrategia invadía de vez en cuando un gendarme con cara de “Pierre que erre” al mando de un cañón fotográfico de cara factura.

Impresionante ciudad natal de Julio Verne que como guiño artísitco me recibió con el mayor espectáculo de circo del mundo. Varios kilómetros de carros, camiones, fieras y colores de un circo jamás antes visto, por un momento me creí atrapado en un universo digno del mejor Tim Burton. Todo ello se disipó cuando ascendí dirección a la luna, de la tierra a la luna, como lanzadera simbólica del viaje verniano un descomunal puente ascendente atraviesa la ciudad de Nantes y sobre ella uno imaginaba los bocetos que Julius plasmaría en noches frías de humedad penetrante y abrigo en soledad. Algo parecido debió percibir Joseph Cotten allá por 1958, antes incluso que el propio Armstrong pero a menor escala…Era evocador pero la ciudad merecía una visita menos esporádica, el viaje continuaba dirección Rennes.

Rennes tendría su momento, que por supuesto relataré. Pero el periplo tenía otro rumbo inicial, Destino Monte Saint Michel. Un desvío hacia St James, giro dirección Pontorson y… voilà, Moidrey. Nuestra casita de Hansel y Grettel nos recibía en el silencio del bocage de las cuatro de la tarde.

Poco antes de llegar a Pontorson y hasta Moidrey un súbito y espectacular acompañante nos seguía con la mirada, se elevaba aislado y vigilante la montaña de poder, el monte San Michel, sagrado e imponente se eleva el arcángel San Miguel sobre su pedestal mágico. Un regalo para los sentidos, posiblemente el último refugio del bien sobre el mal.

—–CONTINUARÁ…-